martes, 14 de abril de 2009

Aprendiendo la lección

Apenas hoy me estoy reponiendo del tremendo descontrol por el que pasé las dos últimas semanas ya que, primeramente estuve enferma de la gripa y no rendí como siempre lo hago, luego me enfermé del estómago con migraña, vómito y todo lo demás, y luego se vinieron los días de descanso por la Semana Santa así que mi ritmo definitivamente si cambió. Y ya desde hace más de dos semanas sabía que tenía que preparar una exposición para darla hoy y simplemente, cosa rara en mi debo decirlo, no quise prepararla a tiempo.

Yo soy de las que puedo empezar a hacer una tarea un mes antes para que no se me junte el trabajo y debo aceptar que soy bastante disciplinada en muchas cosas, pero ahora simplemente no quise: primero porque el profe (físico, cubano y de fuerte caracter) aunque se nota que sabe mucho, también se ve que no es tan apasionado de la docencia y asiste a clase una semana si y otra no, lo tuve que perseguir dos semanas para que me diera tema de exposición y cuando ya lo tenía, se fue de viaje a Francia, luego vinieron las vacaciones y pasó así casi un mes.

Creo que fue rebeldía, no me lo puedo explicar de otra manera, y apenas ayer empecé a leer realmente en forma, claro que, como se lo mencioné a alguien en ese momento, a eso de las 5 de la tarde ya estaba yo en la fase B del pánico pues no tenía nada hecho. El tema lo había visto en la Maestría pero no tenía conmigo apuntes ni tareas pues todo eso sigue en la otra ciudad donde vivía, esperando que algún día vaya por ellos. Así que saqué todos los libros relacionados que fui capaz de detectar en mi librero mientras pasaba por mi mente la paliativa idea de decirle al profe un X pretexto para posponer o cancelar mi exposición, obviamente pasó por mi mente sólo de manera veloz e inverosímil, así como quien pensaría por un momento abortar a un bebito que se lleva en el vientre (valga la comparación). Entonces me dije: lo importante es hacer la primera diapositiva… y la hice. Ya de ahí las cosas fueron fluyendo armoniosamente y como a eso de las 8 de la noche sabía que tenía la situación bajo control pero la posible hora de irme a dormir seguía borrascosa.

Creo que escuché como 5 veces la misma lista de canciones de Aleks Syntek para bajar mis niveles de estrés, la verdad es que no sé qué haría sin escuchar su voz en esos momentos de lucha interna, porque ustedes saben que eso de entender algo no es como ponerse a la fuerza un pantalón y ya: hay que relajarse, darse su tiempo, leer, releer, concentrarse y hacer una imagen mental hasta que la idea queda grabada y uno es capaz de explicarla, y créanme que hacer eso de madrugada a unas horas de tener que pararse a exponer… no es cosa sencilla.

Claro que yo sola me metí en el embrollo pero creo que cada quien tiene como un reloj y una bascula interna que te dice si puedes con la carga y en qué tiempo lo puedes lograr y, aunque ahora si yo misma me desconcerté, sabía que iba a poder con eso y que necesitaba generar condiciones de alto estrés para hacerlo pues de otra forma no había manera.

Respecto a la experiencia que sé que tengo en cuanto a exposiciones y de la cual hace tiempo les platiqué algo (que, dicho sea de paso nuevamente, es uno de mis “hobbies” favoritos) he desarrollado algo así como un medidor de calidad de mis exposiciones y creo que a pesar de la premura con que me preparé, podía calificarla como “buena”, claro que “buena” no es suficiente, tiene que ser de “muy buena” a “excelente” pero me dije: si al profe no le importa tanto, no creo que haya problema.

¡Y que hoy nos llega el profe con la mente fresca de ideas progresistas-primermundistas acerca de la superación intelectual de los estudiantes de posgrado de países en vías de desarrollo! (pues recordemos que está recién desempacado de Francia) y al primer compañero que expuso le puso una buena y diplomática reprimenda por su falta de profundidad en el tema. En ese momento hice un repaso mental de mi presentación y ya la clasificaba en un “buena” tirándole a un “¿y si él quiere que hable de alguna otra cosa?”.

Pasó la segunda compañera (yo era la cuarta en turno) y se pasaron dos horas en total pues después vino la discusión de lo platicado. De momento sentí un alivio al pensar que tengo una semana más para revisar mi exposición, seguramente la mejoraré, pero lo que si es que esta experiencia me ha dejado grandes enseñanzas:

1) No porque a un profe no le guste dar clase significa que te va a dejar hacer lo que quieras en su curso.
2) Siempre hay que tener en mente que uno debe estar compitiendo continuamente con lo que se considere en cada nivel como estándar de lo más alto, es decir, hay que superar la calidad de todo lo que uno hace para realmente tener la posibilidad de en algún momento determinado sobresalir.
3) NUNCA más debo decidir hacer o no algo en función de si a alguien más le importa o no, solamente me debe importar a mí.
4) Sólo la música de Aleks Syntek es capaz de bajarme los niveles de tensión de manera brutal en momentos de alto estrés.

Bueno, y como el profe quizá en el fondo nos tiene un cierto grado de aprecio, nos regaló a todos un chocolatito francés que quizá me coma al rato y que voy a mostrar en mi sección de “otros regalos” pues sé que algo debe significar… no se qué pero algo debe significar.

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