sábado, 9 de enero de 2010

"No hay nada que un buen vestido y unos tacones no puedan lograr"

Y... ¡¡¡ZAZ!!! (cae Myriam de espaldas con toda su humanidad)

Tuve que escribir esto antes del siguiente capítulo de la novela porque es una FRASE REAL que ayer alguien me dijo... QUE UNA MUJER me dijo, una mujer experimentada, una señora que trabaja en mi Instituto.

Estaba yo en mi laboratorio con una compañera que estaba usando una compu de ahí, entonces ella entró, muy amable como siempre y después de dos o tres cositas que comentamos ¡que me suelta la pregunta en seco!:

"Y usted señorita Myriam... ¿tiene noviooooo?"

¡Glup! uno no puede andarle soltando información confidencial a todo/a persona que casualmente entra a un laboratorio, así que sólo le dije: "Pues no, no tengo".

"Ayyyy... ¿pero por qué no tiene?" preguntó.

Mi compañera empezaba a girar la cabeza como en un partido de tenis, a ella si le he platicado más sobre el tema así que no temí soltar un poco de información al respecto. "Mmmmm, pues es que mis opciones no son muy víables" le dije yo cediendo un poco.

"Yo creo que usted es muy tímida, debería lanzarse con todo" me dijo.

¿Dónde había yo oído antes eso? ¡Ah si!, me lo dijo el de la terapia en aquella entrada que puse de Verborrea reprimida y me lo he repetido yo ya varios cientos de veces, sin poderlo haber llevado aún a la práctica.

Pero la frasecita que me dejó impactada y que no puedo olvidar es esa que me dijo y que titula esta entrada, la cual fue uno de sus mejores consejos, entre muchos otros que nos dió a mi compañera y a mi (¡¡Si les contaraaaa!!).

"Mire señorita, cuando usted quiera impresionar a un hombre no hay nada que un buen vestido y unos tacones no puedan lograr"

¡Santo Dios!. Y de repente, enfundada en un abriguito, jeans y zapatos deportivos hice una reflexión relámpago donde pasaron por mi mente varios escenarios: 1) Myriam en un almacén de ropa a sus 33 años APENAS empezando a conocer el inmenso mundo de los vestidos y la ropa "de mujer", entiéndase por ello saber elegirlos, combinarlos, encontrar modelos favorecedores y, sobre todo, saber portarlos (aquí me empezó a dar una ligera sensación de escalofrío), 2) Myriam con vestido y tacones esperando pacientemente en su casa a que un galán "haga el favor" de pasar por ella para llevarla a pasear (aquí el escalofrío ya era real y no por las bajas temperaturas), 3) Myriam dejándose observar "lascivamente" (por no decir algún otro apelativo más propio para esa acción) por el galán en cuestión al cual de momento le llama más la atención los tacones y el vestido que el hecho de que lleve más de 5/6 de mi vida quemándome las pestañas estudiando (aquí el malestar fue total y sentí que la comida se me empezó a regresar, disculpen lo escatológico de la descripción).

------------- PERO ES LA VERDAD -----------------

Desafortunadamente.

Pero afortunadamente ya lo hemos discutido en otras ocasiones y algunos amigos hombres apoyan la idea de que eso no siempre es necesario para que alguien se fije en uno, claro, las posibilidades se amplían y el proceso se acelera enormemente si uno emplea esos recursos.

Deshojaré la margarita:

¿Usaré esos recursos o no los usaré? (claro, algún día, no HOY ni MAÑANA)

No lo sé, pero creyéndole al método científico: si una mujer experimentada me lo dijo DEBE SER VERDAD... supongo.

En fin, lo remarcable de todo esto es que me encantaría tener algo así como un panel o un mural de frases célebres "urbanas" donde pondría esta que hoy me sigue conmocionando, con letras rojas para recordarme a mi misma de cuando en cuando que: "Myriam, ¡ahí tienes la llave! es sólo cosa que quieras usarla para abrir ESAS puertas que se mantienen cerradas".

De momento la dejaré ahí colgada y sólo lo observaré. Quizás un día, si estoy muy animada (o muy desesperada) la usaré. Por el momento mis cartas de presentación siguen siendo otras muy diferentes.

Por otra parte, en estos últimos tiempos he llegado a una seria conclusión que ya ¡debo aceptar! pues es un secreto a voces y no debería avergonzarme de ello (claro, tampoco ennorgullecerme): soy la típica mujer "realizada" (léase el entrecomillado) de más de 30 y soltera a la cual le empieza a causar dificultades esa situación. Un caso clásico en esta época "de modernidad".

Todos ustedes lo han "padecido" conmigo (yo padeciéndolo en carne propia y ustedes padeciendo que lo mencione a cada rato) :) pero quizá mi petición sería que sigan tratando de aceptarme así sin pretender que cambie pues de momento no está en mis manos hacerlo, además creo que cuando no me dan "mis crisis" suelo ser una buena persona jeje, y saben que a pesar de eso yo los quiero mucho a todos.

Finalmente, y para rematar con broche de oro esta profundísima entrada, les comento que hace unos días mientras caminaba, mi mente formuló una de esas frases de alta inspiración con la cual me identifico mucho y que seguro también pondría en ese muro, y dice así:

"Si un día me caso, será con alguien que odie casarse igual que yo"

¡OOoohhh sí! pues los dos tendríamos que estar en la misma sintonía ¿no creen?.

¡Saludos y abrazos a todos!

9 comentarios:

Levemente dijo...

La señora que entró en el Laboratorio pelín indiscreta fue, la verdad. Pelón en realidad (que en España significa “mucho”). Porque las “razones” en según qué respuestas están de más. Salvo que haya cierta amistad y salga de uno mismo platicar sobre según qué. Extenderse... “desnudarse” en resumidas cuentas.

¡Ayyyy Myriam!... mientras “nosotras” no nos demos cuenta de que la prioritaria función de la mujer no es “tener un hombre”, sea en calidad de novio, marido, amante o llamémosle X... va a ser que no avanzaremos más que lo haría un caracol compitiendo con Fernando Alonso.

Y vuelta la burra al trigo: seguimos con las “recetas de antaño”, o "estrategias femeninas", que se basan en conquistar al “macho” por lo que más le motiva... en principio: la vista. Es decir, lo que les entra por los ojos y les mueve la testosterona... ¡triunfa!... ¿TRIUNFA?

A ver... que “una” elija ponerse ropa de muhé-muhé que digo yo en función del propio deseo, vale. Pero que haya que hacerlo como cebo para cazar, pescar... ¡ay, ay qué penita pena me da!... Y qué poco valor se otorga al propio ser, a la femineidad.

Myriam... tu ya sabes que el hombre que te tenga que querer, te va a querer con tus zapatillas y tus jeans. Y por supuesto también el día que te enfundes en un vestidito y te calces unos tacones te verá IGUAL de linda. Más arreglada pero IGUAL. Pero si abandonas tu vestimenta para conquistarle... ¿se enamoraría de Myriam o de su disfraz?

Y que, cuando se tiene cerebro y sensibilidad, es muy, pero que muuuuyyyy desagradable andar espantando pulpos, aves rapaces y demás depredadores. Si yo te contara... pero me quedo en mi hatibual “valgo más por lo que callo que por lo que hablo”.

Tu frase, amigüi, “Si un día me caso, será con alguien que odie casarse igual que yo" la cambiaría por esta otra, que no te veo yo en medio del “odio” ni siquiera “figurativamente” por enfatizar algo: “Si un día me caso... será con alguien que ame igual que yo... sea en chándal o con tacones” ;-)

Levemente dijo...

"Hatibual", claro, es habitual... je.

¡Toy disléxica!

Víctor dijo...

Yo pienso lo mismo que Leve.. debemos ser almas gemelas o algo así.. :PPPPPPPPP

Myriam dijo...

Víctor, es prioridad que te comente algo a ti así que a la brevedad lo haré :)

Myriam dijo...

Leve, tienes mucha razón en lo que dices, claro que uno no debe vestirse como para salir a cazar, aquí lo remarcable es que hay quien lo dice en serio como esta persona a la que se le ocurrió la frase.

Por otra parte, mira, sé que la palabra "odio" es una palabra muy fuerte y yo no la utilizaba hasta que conocí a una persona que la utilizaba muy despreocupadamente, tendrá quizá unos 15 años de eso, y entonces le fuí quitando el peso que antes le daba, aunque debo decirlo, no es una palabra linda.

Mi frase la conservaría, quizá le cambiaría la palabrita por "le repela" o algo así. Quizá, como dice mi mamá, la cosa es que no he hallado a la persona adecuada que me inspire eso y por eso lo veo más como un encadenamiento que como un gusto.

Y si, uno debería de aprender a vivir sola, de hecho lo hago, no me queda de otra pero quizá esta es una de esas ocasiones donde me gustaría que realmente estuviéramos una linda cafetería al aire libre, con plantas verdes alrededor y una linda música de fondo para contarte el porqué siento y pienso así, juro que me hace mucha falta platicar con un/a amiguis de verdad, y como decía en la entrada: lo que solicito es comprensión y paciencia pues omo dice el refrán: "No hay mal que dure 100 años (ni cuerpo que lo aguante)"

Levemente dijo...

Cuando decía que mientras “nosotras bla-bla-bla...” no me refería a ti, ni a mí, ni siquiera a la señora que motivó la entrada. Pensaba en la totalidad del colectivo femenino.

No se trataba de juzgarte, Myriam, sino de recordar que ni la señora de tu laboratorio, ni consejos de revista tipo “Cosmopolitan” (¡qué petardos ellos!), ni nadie que no sea uno mismo-a decidan nuestro vestuario, nuestra manera de ser, nuestro modo de construir relaciones que debieran ser sanas en su base, pero que proponen desde se sustenten desde el inicio en un teatro que en realidad oculta nuestra verdadera naturaleza. En definitiva... que no nos dirijan. Sé que quizás los que no entremos por el aro (es decir, los que no aceptemos ciertas imposiciones de la sociedad actual, especialmente cuando son absurdas y borreguiles) estemos en minoría, o que tal vez hagamos “menos ruido”, pero lo que consigamos, sea una relación de pareja, o estar con nostras mismas, o cualquier otra cosa... será finalmente mucho más real y con posibilidades –a priori- de mayor permanencia.

Conserva tu frase si quieres pero... a mí me resulta contradictorio desear vivir una relación auténtica de pareja mediando la palabra odio hacia un sacramento, o ritual, o llámese x... que precisamente busca la unión de los que la formen. Escribo esto al margen de la religión sea la que fuere. Porque el “odio” no es una palabra fea, sino una energía destructiva... y agotadora.

Y que, como reza un proverbio coreano, “hasta una hoja de papel pesa menos cuando entre dos la levantan”... es una verdad de la verdadera para ti, para mí, para la señora del laboratorio, para aquel de allá... para todo quisque que ojalá pudiera “ser” siempre, pero... la vida a menudo no obedece a nuestras expectativas. O no lo hace cuando deseamos que ocurra porque aún no es tiempo. Puede incluso que no llegue a suceder en cuyo caso... más vale estar preparado para que la caída no nos deje aplastaitos en el suelo y sin opción a la recuperación.

Y que te pongas un vestido de leoparda con escote de vértigo y más ceñido a tus huesitos que tu propia piel, acompañado de tacones de metro... pero si lo eliges tú y únicamente tú. Yo te animo que soy la prime que se viste de muhé-muhé de cuando en cuando... aunque no en plan “animal selvático”, je.

Myriam dijo...

Cierto Levecita, ¿sabes? hoy "hice algo" jejeje (imagínate a Myriam con cara de traviesa), fue algo respecto a este tema.

Hoy me puse una blusa-sweater mucho más de "muhé" que lo que normalmente uso, nada escandaloso (cuello alto) pero si fue un poco más de lo que acostumbro y como buena científica hice un experimento consistente en pasar frente a un grupillo de chavitos (lo cual generalmente me choca y repatea) pero lo hice porque hay uno simpatiquito (el cual obviamente no me habla, salvo cuando una vez me preguntó algo en un seminario que dí) ¡y funcionó!, bueno, eso me dijo una compañera con la que iba porque yo no tengo el valor para voltear a ver ni sostenerle la mirada a nadie en una situación así... ¿Situación así? ¡si sólo pasé caminando unos metros!, ay Levecita, creo que cargo sobre mi como veinte mil toneladas de timidez, pero eso no es el tema, el tema es que hice el experimento ¡y funcionó!, quizás alguna vez podría seguir el consejo pero a un nivel más "aterrizado".

Saluditos!

Levemente dijo...

¡Y tanto que funciona!... precisamente eso es lo triste, je.

No te preocupes por lo de la timidez, que eso se cura si una quiere. Es cuestión de práctica... como montar en bici.

Lo que es importantííísimo es que nunca dejemos de repetirnos el eslogan de L'Oreal: Porque yo lo valgo, porque yo lo valgo, porque yo lo valgo... je-je.

angel lago villar dijo...

¡Magnifica entrada! No hay duda que eres una mujer sumamente realizada y en todo caso no creo que casarse sea un motivo para realizarse como persona. Ademas, querida Myriam, te comprendo, porque encontrar un hombre que te guste debe ser complicado. Yo con 41 años y siguen sin gustarme los hombres :-D

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