sábado, 2 de enero de 2010

"Un día es suficiente para dejar huella" - Novela

Capítulo 2

"A mi corazón nada lo puede perturbar

todo viene de afuera y depende de mi dejarlo entrar

nada pasa en mi que yo no quiera

todo estará bien si esa es mi voluntad"


Magda dejó de escuchar la voz de su madre cuando su propia voz empezaba a dictarle cada vez con mayor fuerza estas palabras. Repitió estas frases unas treinta veces durante los casi dos minutos en que ella y su familia se sujetaban firmemente al marco de la puerta y entre ellos mismos. Nunca supo de donde sacó la lucidez para hilar esas palabras que, tiempo después, supo que perfectamente podían definirse como un mantra para decretar el bienestar. Tanto lo repitió y tanto lo creyó, que a partir de ese día siempre utilizó esas frases para reconfortarse cuando se sentía mal.

De repente todo terminó. Los crugidos se dejaron de escuchar, el vaivén de las puertas poco a poco se detuvo, y el perrito finalmente empezaba a caminar agilmente en círculos enmedio de ellos.

Lucy lloraba quedamente abrazada a la pierna de su madre que la consolaba acariciando su cabeza, mientras tanto, Magda no podía dejar de asirse firmemente a la madera, y con la mirada aún sorprendida por el acontecimiento que acababan de experimentar, alzó la mirada hacia su padre.

-Fue un temblor, pero todo está bien- les dijo su papá.

¿Un temblor? ella no sabía bien a bien la definición de esa palabra, sin embargo en ese rato la había entendido perfectamente. Su papá se separó de ella y junto a su madre fueron a inspeccionar la casa. Magda tomó de la mano a Lucy y siguieron en silencio a sus padres mientras ellos se movían rápidamente por todo el lugar.

-No hay luz Ara- le decía papá a mamá mientras ella con cara de preocupación detectaba algunas cuarteaduras en la pared del patio trasero. En eso recordó que Magda aún no estaba lista para la escuela.

-Magda ¡ve a cambiarte!, ya casi es hora de irte- le dijo mamá, así que Magda pronto corrió a su cuarto a ponerse el uniforme y peinarse como mejor pudo hacerlo. Bueno, por lo menos ese día sólo se pondría una diadema y olvidaría las ligas que ataban brutalmente su cabello, luego fue a la cocina a tomar el desayuno junto con su hermana. Sus papás seguían hablando y caminando en todas direcciones y cuando ya fue hora de irse a la escuela fue cuando la familia se dió cuenta de como estaba la situación más allá de las fronteras de su casa: todos los vecinos estaban en la calle, hablando entre ellos y preguntándose que había pasado y que habría de pasar.

-Vámonos- dijo su papá y de la mano las llevó a la escuela que estaba a pocas cuadras de su casa. Durante el recorrido toda la gente tenía el mismo semblante: sopresa mezclada con incertidumbre de lo que estaba pasando y una cara de extrañeza como nunca se había visto.

Llegando a la escuela el tumulto en la entrada no era normal. Algunos niños estaban afuera, otros adentro pero como el papá de Magda trataba de que sus hijas no se alarmaran más de lo debido, les dijo: -aquí quédense, no pasa nada, si no, yo vengo por ustedes al rato-. Les dió un beso y las vió meterse a la escuela. No obstante, en el fondo del pecho sentía una ligera preocupación.

-¡¡Se va a acabar el mundooooooo!!- pasó gritando un niño por el patio de la escuela. Evidentemente para él todo eso era un juego. Lucy, que recién ese año acababa de entrar a primer grado, volteó a ver a su hermana mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Magda sabía que su hermanita estaba asustada y sólo acertó a decir: -Lucy, no te preocupes, abrazate a mi, yo te voy a cuidar-.

Magda no sabía que ese sería el karma de su vida: apoyar a gente más débil que ella, inculcarle valor e impulsarla a volar. Años después una mujer con dotes sensibles más desarrollados se lo confirmaría con todas sus palabras: ella estaba destinada a ayudar y después a dejar volar sin aferrarse a nadie pues en el momento en que ella se apegara a una persona con problemas, todo su ímpetu podría desaparecer y ella misma podría irse a la ruina emocional. Una vida con fortaleza y desapegos era lo que le esperaba.

En eso, la Directora de la escuela salío al encuentro con los padres diciendo: -Llévense a sus hijos, las clases se suspenden hasta nuevo aviso-. Esto lo dijo después de que junto con el conserje y otros maestros se dio cuenta de que en la escuela también se habían originado algunas grietas de consideración, y como la escuela era de tres pisos no debía tomar esos riesgos: todos los niños habrían de regresarse a sus casas. Lo malo era que algunos papás ya se habían retirado. Como el suyo. Entonces Magda tomando firmemente a Lucy de la mano, se puso en plan de hermana mayor y le dijo con mucha seguridad: -vámonos a la casa, vente, yo te cuido-.

Las dos cuadras de distancia para Magda representarion un triunfo. Muchas veces en esas mismas calles se le había adelantado a su mamá para percibir la sensación de andar sola por la banqueta y ese día se le había hecho realidad su deseo, sin embargo el cuidar de su hermana era una responsabilidad extra que no tenía prevista pero, como nunca, supo conducirse sin problema hasta su casa. Cuando tocó el timbre y su papá las vió en la puerta supo muy bien que Magda ya no era una niña sino una pequeña mujercita en la que podía confiar.

2 comentarios:

Víctor dijo...

buuuuff, vaya momentos esos en los que todo se trastoca, en los que el día a día se desmorona.

Y si, por encima, el "desmoronamiento" es incluso físico, como ocurre en un terremoto, la confusión mental debe ser total.

Myriam dijo...

Si, así es, pero cuando uno tiene nueve años las cosas suceden un poco más lento y menos dramáticamente. Ya pronto pondré el capítulo 3 para que vean como sigue la historia.

¡Saludos Burbujo!

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