sábado, 16 de enero de 2010

"Un día es suficiente para dejar huella" - Novela

Capítulo 3

Magda y su hermana entraron a casa percibiendo un ambiente raro, denso. Quizá toda la agitación que observaron en la escuela las dejó con una extraña sensación de zozobra que persistía en los rostros de sus papás los cuales les dijeron que se quitaran el uniforme y que se fueran a jugar a su cuarto pues no había energía eléctrica y ver la tele no iba a ser una opción.

Ellas obedecieron sin saber bien que estaba sucediendo, pero ¡eso si! lo importante era que no había habido escuela, de hecho, aún algunos años después cuando Magda pasaba en carro o caminando frente de su escuela los fines de semana, siempre se imaginaba lo increíble que sería que un día apareciera en el encabezado de los principales periódicos: "La Escuela Primaria Fulano de Tal sufrió un ataque de grupos extremistas y un par de bombas la desaparecieron de la faz de la Tierra...". Eso dentro de la imaginación de un niño es un verdadero goce.

Iba acercándose la hora de irse a la clase de gimnasia olímpica, Magda la practicaba desde los cinco años y Lucy ya llevaba casi un año practicándola también. A Magda le gustaba ver a su hermanita correr pues lo hacía de una forma muy graciosa, levantando muy alto los pies hacia atrás a cada paso que daba, definitivamente Lucy siempre tuvo mucha gracia al moverse.

Toda la tarde sus papás habían estado pegados a la radio de pilas, una pequeña radio con forma de lata de Sprite que era un refresco muy famoso en aquella época. Dudando un poco, las niñas se prepararon pero Raúl, su papá y médico de profesión, les dijo que hoy no irían al gimnasio así que deberían volver a cambiarse los leotardos con que ya se habían vestido. Todo un día de actividades frustradas y de desconcierto.

Ya todos reunidos en torno a la pequeña radio se fueron enterando que el terremoto había afectado la zona centro, sur y occidente de México y que se creía que había sido el más significativo y mortífero de la historia registrada en el país. Mas tarde se enteraron que el Distrito Federal, donde ellos vivían, fue el lugar que resultó más afectado. Decían que el fenómeno sismológico se suscitó a las 7:19 a.m. Tiempo del Centro o 13:19 horas UTC.

-¿Cuál centro?, ¿cuál UTC?- se preguntaba Magda en silencio pensando que algún día tendría que saber todas esas cosas que quizá sólo los grandes entendían. También escuchó que el locutor decía que había tenido una magnitud de 8,1 grados en la ¿escala de Richter?, definitivamente un día iba a estudiar esas cosas de la naturaleza que le parecían tan complicadas. Luego escuchó las palabras "trepidatorio" y "oscilatorio" cuando describían el tipo de movimiento que se sintió, pero el dato que más le había llamado la atención es aquél donde se mencionaba que una comparación de la energía liberada en dicho evento fue el equivalente a 1,114 bombas atómicas de 20 kilotones cada una.

-!Ooooóraleee!- les dijo a sus papás sorprendida mientras apoyaba la cabeza en sus manos y descansaba los codos sobre la mesa. Ciertamente no sabía con exactitud cuánta energía era esa pero lo que era cierto es que sonaba como MUCHA energía. Sus papás sonrieron discretamente. Lucy sólo se concretaba a peinar a sus muñecas.

La noche llegó y entre la familia se había suscitado un ambiente de profunda unión y cuidado mutuo, "solidaridad" era la palabra: Magda cuidaba a Lucy y le ayudaba a preparar su cepillo de dientes para asearse y después ir a dormir, mamá les había dejado lista la cama y les permitió poner todos sus muñecos de peluche alrededor de la almohada para que durmieran acompañadas y papá ayudaba a lavar los platos de la cena que en esa ocasión sólo había constado de sandwiches de jamón con mayonesa, leche y galletas de animalitos.


Mientras era su turno de lavarse los dientes, recordó que tenía un compañerito en la escuela algo inquieto al que le decían "Danielín" o "El Travieso" que no conocía las galletas de animalitos. -¿¡Quién carambas no conoce las galletas de animalitos!?- se preguntaba nuevamente en silencio pues mamá no la dejaba decir esas "palabrotas". Magda pensaba que sólo un extraterrestre no conocería las galletas de animalitos, pero quizá Danielín lo era y por eso se le podría justificar esa ignorancia gastronómica. La verdad que ese niño le caía bien pero siempre le criticaba sus dibujos o las tareas que hacía en sus cuadernos y a veces hasta les quitaba el dinero del lunch a ella y todas las niñas indefensas de su grupo, y con lo que reunía él y sus amigos se compraban varios helados de limón a la salida de la escuela. Ella creía que de grande iba que volaba para prestamista o cobrador de impuestos, sin embargo jamás se imaginó que se lo iba a encontrar muchos años después paseándose por un congreso al que ella también asistió, que la impresionaría grandemente y que incluso la orillaría a decir: -Mmmm, pues si ese Danielín no se puso tan mal, de hecho se puso MUY bien... A ver. ¡Si!, ¡aquí traigo dinero!-.

Después de pensar eso, Magda y su hermana se quedaron solas en el cuarto y como Lucy no se podía dormir, Magda le contó por milésima vez aquel cuento del duende que vive abajo de las camas y que entra a su casa por un agujerito en la pared. Ese si que era un buen cuento y a su hermanita le encantaba escucharlo mientras observaba siempre con la misma curiosidad las ilustraciones del libro de donde se lo leía. Claro, a estas alturas Magda ya se lo sabía de memoria y podía recitarlo perfectamente en la obscuridad de la noche.

Mientras tanto, la ciudad no dormía, esa misma oscuridad y una gran cantidad de polvo que no terminaba de asentarse, dificultaban la visión de la realidad. Una realidad que marcaría la vida y la dinámica de una gran cantidad de familias como la de Magda y de la de una sociedad entera a partir de ese momento.

4 comentarios:

Roberto dijo...

¡Un gran capítulo, Myriam!
Muy muy bien escrito.
Un beso desde Buenos Aires.

Myriam dijo...

Gracias Robertito! me tardé un poco pero finalmente puse el capítulo 3. Cuando empecé a escribir la novela no pensé que coincidiría con los eventos desafortunados en Haití, en lo personal quizá me sirve a mi como para recordar y sentír empatía por ellos, pero bueno, ya empecé la novela y ahora la tengo que acabar, no obstante me estoy divirtiendo al recordar... ah no! más bien al IMAGINAR la vida de Magda en su infancia, me está resultando muy entretenido. Que linda niña por cierto. :)

Víctor dijo...

Sí, muy linda, y con un pelo muy bien peinado siempre :P

Pues sí, es una pena lo de Haití, a la gente que tiene la mala suerte de nacer allí no le tocan más que desgracias.

Myriam dijo...

Víctor, estoy tentada a poner una ilustración de Magda en esos días para que vean ¡grrrr! como la torturaban con el peinado, creo que la pobre niña nunca superará el trauma durante toda su vida pues de adulta nadamás se le levantará un cabellito y correrá al baño a peinarse otra vez :)

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