miércoles, 5 de enero de 2011

Mi cuento preferido

Había una vez un príncipe que quería casarse con una princesa, pero no se contentaba sino con una princesa de verdad de modo que se dedicó a buscarla por el mundo entero, aunque inútilmente, ya que a todas las que le presentaban les hallaba algún defecto. Princesas había muchas, pero nunca podía estar seguro de que lo fuesen deveras: siempre había en ellas algo que no acababa de estar bien, así que regresó a casa lleno de sentimiento, pues ¡deseaba tanto una verdadera princesa!

Cierta noche se desató una tormenta terrible. Menudeaban los rayos y los truenos y la lluvia caía a cántaros ¡aquello era espantoso! De pronto tocaron a la puerta de su gran casa y el viejo rey fue a abrir en persona.

En el umbral había una princesa. Pero, ¡santo cielo!, cómo se había puesto con el mal tiempo y la lluvia. El agua le chorreaba por el pelo y las ropas, se le colaba en los zapatos y le volvía a salir por los talones. A pesar de esto, ella insistía en que era una princesa real y verdadera.

"Bueno, eso lo sabremos muy pronto", pensó la vieja reina.

Y, sin decir una palabra, se fue a su cuarto, quitó toda la ropa de la cama y puso una habichuela sobre el bastidor; luego colocó veinte colchones sobre el frijol y, encima de ellos, veinte almohadones hechos con las plumas más suaves que uno pueda imaginarse. Allí tendría que dormir toda la noche la princesa.

A la mañana siguiente le preguntaron cómo había dormido.

¡Oh, terriblemente mal! –dijo la princesa–. Apenas pude cerrar los ojos en toda la noche. ¡Vaya usted a saber lo que había en esa cama! Me acosté sobre algo tan duro que amanecí llena de moretones por todas partes. ¡Fue sencillamente horrible!-.

Oyendo esto, todos comprendieron enseguida que se trataba de una verdadera princesa ya que había sentido la habichuela a través de los veinte colchones y los veinte almohadones. Sólo una princesa podía tener una piel tan delicada.

Y así, el príncipe se casó con ella seguro de que la suya era toda una princesa. Y la Habichuela fue enviada a un museo donde se le puede ver todavía, a no ser que alguien la haya robado.


Autor: Hans Christian Andersen

8 comentarios:

angel lago villar dijo...

Bueno...siendo yo un humilde plebeyo,creo que si durmiera encima de 20 colchones también me quejaría al día siguiente ;-D

Un besito y que tu príncipe azul no te ponga pruebas ( y menos su madre) :-D

Víctor dijo...

jaja.. lo de que "alguien la haya robado" ¿también es de Andersen, o es cosecha tuya?

Para mi, este cuento nos habla del apego que le tenemos a los sueños, muchas veces completamente irracional: ¿a quién se le ocurre casarse con esa Miss Habichuela? ¡Vamos hombre, que la aguante otro..!

Myriam dijo...

¡JAJAJAJAJA! Ángel ¿si verdad? durmiendo arriba de 20 colchones se corre el riesgo de que se desequilibren y ahí va uno con toda su humanidad a dar al piso jajajaja, quizá eso le pasó a la princesa y por eso amaneció toda amoratada :)

De momento no tengo príncipe ni suegra jajaja, pero seré cuidadosa de identificar si algún día me ponen de ese tipo de pruebas.

¡Un abrazo amigo!

Myriam dijo...

Tu si que eres más radical Víctor jajajaja ¡Miss Habichuela! (¡ay! con razón nadie me aguanta ¡¡jajaja!!) creo que me identifico con ella, más bien me identifico con la historia, ya sabes, por eso me va como me va jejeje.

Y no, eso de que alguien la haya robado no lo escribí yo, así venía la historia de donde la copié :) como ese cuento lo leí hace un montón de tiempo no recuerdo si así terminaba en la versión original por eso lo puse, lo malo es que no dicen en que museo está la habichuela jeje :)

Abrazo y beso para ti :)

Gamar dijo...

Pero te identificas con la reina, el príncipe o la habichuela?
Así de dolorido y duro suelo despertarme todas las mañanas.
Ahora tengo la esperanza de que no sea por los 40 sino por alguna habichuela debajo del colchón.
Beso

Víctor dijo...

No entiendo bien.. ¿te identificas con la princesa? Si es así, me lo tienes que explicar detenidamente, porque la impresión que tengo de ti es más bien la contraria: pienso que tienes el aspecto exterior de una princesa de cuento de hadas, pero con la dureza física y mental suficiente como para dormir tan a gusto en una cama de clavos (de esas de los faquires de la India) sin quejarte ni un segundo..

Besos princesa :-)

Myriam dijo...

Gamar :)... ¡ay Gamar! jejeje.

No creo que sea por los 40's, revisa bien, seguro que hay un frijolito abajo de tu colchón :)

¡Abrazo fuerte!

Myriam dijo...

¡Aaaayyy Víctor! cuando te lo propones puedes ser más bueno y dulce que el pan, que bueno eres conmigo, mira que llamarme "princesa de cuento de hadas" es demasiado dulce aunque, bueno, desde mi perspectiva mmmmmm, no, pues no es tan cierto eso :).

En realidad, me identifico con todo: con la princesa empapada, es decir, no soy el prototipo de la princesa hermosa (para eso ya dijimos que existe Gwyneth Paltrow) pero muy en el fondo sé que en algún mundo o universo paralelo soy una princesa jeje, pero también, y quizá lo saben, soy mucho de poner filtros para aceptar a alguien en un plan más personal, pero no en cuestiones de imagen sino en aspectos más sensibles (no sé si me explico), o sea, me siento un poquito princesa y un poco príncipe.

De lo que me doy cuenta es que yo dije que ya iba dejar el tema ¡y otra vez me proyecté! no lo hice concientemente pero ¡uff! creo que traigo muy metido eso de los príncipes y las princesas.

Y no he dormido en cama de clavos pero si sobre el piso duro y piedritas cuando he ido de campamento ¿eso cuenta? :)

Y nuevamente gracias, snif!, snif! sentí bonito :)

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