jueves, 10 de febrero de 2011

Fernandito

Tenía unas ganas enormes de poner esta entrada en honor a un muchacho que ví sólo una vez y sólo por unos minutos pero que me dejó un muy grato recuerdo en un momento en que deveras lo necesité. Claro, el nombre está cambiado pues, o decía donde trabaja o decía su nombre, ya que en caso de decir los dos eventualmente podría meterlo en un problema :D y decidí mejor decir donde trabaja.

Espero que también el otro caballero involucrado no tenga inconveniente en que lo mencione, pero es que para mi es importante platicarlo antes de que se me olvide como estuvo todo el asunto.


Bien, esto sucedió el día en que regresé del viaje a Buenos Aires que ya les he estando relatando anteriormente. Para ese día yo ya estaba completamente enferma, me dió una laringitis muy severa y estaba empezando a tener dificultades para respirar y hablar. Mi amable anfitrión Roberto no sé como me vería de mal que el día anterior decidó comprarme un termómetro para que me estuviera checando constantemente la temperatura. Ese día la cosa no iba mejor, y aunque me hubiera encantado quedarme más tiempo hubiera sido imposible, el cuerpo me estaba traicionando.

Recuerdo haber estado parada junto a Roberto en una fila en el Aeropuerto de Ezeiza, esperando documentar el equipaje. Yo traía gorro y una bufanda enrollada al cuello, tapándome la nariz y boca, cual terrorista en ciernes, preguntándome en que momento me enfermé tan feo y despotricando mentalmente contra el aire acondicionado que tanto daño me hace.

Estaba enferma, si, seguramente hasta traía fiebre, la voz ya no me salía y estaba sumamente cansada porque aparte de enferma, me pasé toda la noche y madrugada acomodando estratégicamente la maleta para que cupiera todo lo que iba a traer de regreso. Tenía (teníamos porque Roberto se ofreció a acompañarme) que estar en el aeropuerto a las 6:00 de la mañana, una cosa así, por lo cual decidí ya no dormir porque en tal caso me podría quedar dormida y no llegar puntual.

Cabe mencionar que aproximadamente un 45% de la ropa que llevé no la usé, hacía demasiado frío para andar en mangas de camisa o usar zapatos ligeros, practicamente toda la ropa abrigadora la usé más de una vez y la demás se quedó doblada en la maleta. Una vez más me pasó lo mismo: planeo concienzudamente la ropa y al final la situación hace que salga casi en las mismas fachas todos los días.

Platicábamos mientras seguíamos la fila, llené mientras algunos formatos y a ratos me ponía el termómetro al mero estilo de Popeye, no había de otra, estaba mal.


En eso llegó mi turno. Roberto muy solidario estaba a mi lado también, incluso se ofreció a arrastar la pesadísima maleta que llevaba, porque aunque tenía rueditas costaba mucho trabajo arrastrarla.

Yo estoy loca, no sé por qué llevé tantas cosas y si a eso le agregamos 4 botellas de vino, ropa, zapatos y algunos otros souvenirs más que compré allá y que acomodé con mucho esfuerzo, casi al alto vacío para que cerrara la maleta, podríamos decir que llevaba una bomba de tiempo, un mal jalón, un escalón mal bajado y eso se derramaría al instante.

Con esfuerzos subimos la maleta a la plataforma donde la pesaron para asegurarse de que no sobrepasara los 25 kg. Nunca me había pasado pero en esta ocasión ¡SE PASOOÓ!.

Señorita de la documentación (SD): Disculpe, su maleta se pasa de los 25 kg.
Yo: ¡Ay no!
SD: Si mire, si excede el peso tiene que pagar una cuota de 50 dolares.
Yo: ¡Ay no! (jajaja, la verdad es que no me acuerdo que dije en ese momento pero esta expresión resume lo que pensé).

Volteo a ver a Roberto (R). No recuerdo exactamente lo que él me dijo pero de momento estuvimos de acuerdo que lo más conveniente era salir de la fila y pensar que hacer.

Yo: ¿Y si te dejo algo de mi ropa?
R: ¿Y yo qué hago con ella?

¡Jajajaja! ¡Pues si, lógico! (todavía me causa risa) ¿qué iba a hacer él con mi ropa? y además no creo que eso fuera realmente lo que estaba haciendo el excedente en el peso.

Yo: Pues es que quizá son las botellas de vino.
R: Si, eso debe ser.

Pero OBVIO, dejar las botellas de vino no era una opción :)

Yo: Pues ¡ni modo! pago la multa y ya.
R: Pues si, ya que le hacemos (bueno, no creo que R haya dicho exactamente así, pero textualmente no me acuerdo del diálogo).
Yo: Pues si, regresemos a la fila.

Ya para ese entonces la fila casi se había acabado, todos los pasajeros habían documentado el vuelo. Regresamos con la chica de la documentación, pusimos la maleta en la plataforma y le dije:

Yo: Señorita, cóbreme la multa, la verdad es que si abro la maleta para sacar algo ya no la voy a poder cerrar, viene completamente llena.
SD: (Pensándolo un poco, se me quedó viendo, quizá eso no le sucedía tan frecuentemente).

Y entonces, de repente y sin esperarlo sonó una voz que de momento no supe, más bien, no supimos de donde salió:

Voz: Danielitooo...
R y Yo: Bla, bla, bla...
Voz: (Insistiendo) Danielito...
R y Yo: (Pausa en nuestra conversación y yo en mi lamentación).

Nos miramos y acto seguido Roberto observó intrigado alrededor. De repente su mirada se detuvo en una persona.

Voz: Danielito
R: ¡Fernandiiito! (casi puedo apostar que R lo nombró en diminutivo)

En ese momento mi cerebro carburó y recordé que el segundo nombre de Roberto es ¡Danielito! (querido Roberto, ojalá no te moleste que dé este dato, pero es que deveras es una anécdota digna de contar y es la palabra clave de todo este asunto).

La voz provenía de Fernando, un muchacho que resultó ser conocido de Roberto de muchos años y que trabajaba en el aeropuerto. Fernando se encontraba también documentando equipajes, justo al lado de la chica con la que yo estaba hablando. Roberto se acercó a su mostrador y se saludaron. El chico le preguntó que qué hacía ahí y Roberto le contestó que acompañaba a una amiga que regresaba a México. No sé si le dí la mano o sólo lo saludé de lejos, le sonreí y ahí esperé.

No sé que habrán platicado Roberto y él, pero estuvieron un ratito hablando, supongo que de cosas como ¿y qué tal la familia?, ¿y no has visto a tal persona? o algo así. Mientras, yo ahí viendo, completamente sorprendida de que Roberto conociera a alguien del aeropuerto (porque también conocía gente de los restaurantes, de los taxis, del centro comercial, etc. y si no los conocía parecía que si porque de repente yo ya lo veía platicando con la gente de lo más tranquilo).

Cuando terminó de platicar, yo seguía ahí parada, con mi maleta esperando. Y regresé a lo mío, a mi pequeño problema con el exceso de equipaje.

Entonces pasó algo raro. La chica de la documentación volteó a ver a Fernando, se dijeron dos o tres cosas, voltearon a ver la maleta, nos vieron a nosotros, no sabía bien que estaba pasando, yo sólo esperaba las inidicaciones de la chica.

SD: (Recogió mi equipaje y luego movió algunos papeles) Tenga, aquí está su pase de abordar y este comprobante. Con el recoge su equipaje a su llegada.
Yo: (Aturdida, estaba demasiado preocupada por los 50 dólares como para ponerle mucha atención a lo que me dijo). Gracias.

Me salí de la fila, miré los papelitos que me dió y me surgió una pregunta para Roberto:

Yo: ¿Y los 50 dólares a qué hora los pago?
R: ¿No te los cobró?
Yo: (Mirando los papeles) Nnnn...¡no!
R: No te los cobró.
Yo: No me los cobró.
...
...
Yo: ¿Entonces ya?
R: Pues yo creo que si.

Nos miramos y hasta ese momento entendimos, se nos iluminó la cara.

Fernandito, el amigo de Roberto se encargó de todo. La chica al ver que Roberto era muy conocido de Fernando tuvo el buen detalle de preguntarle a su compañero si procedía de manera especial. Seguramente Fernando le dijo que si, y la chica, muy natural y sin hacer cara de "me deben la vida" completó mi trámite y con mucha sencillez me entregó mis papeles. Ni siquera le agradecí eufóricamente porque lo comprendí hasta unos momentos después, y mejor así, de ser eufórica quizá alguien lo hubiera notado y eso no nos convenía a nadie.

Caminando hacia la sala correspondiente no podía ocultar mi felicidad: me sentí orgullosa de tener un amigo que es apreciado por la gente que lo conoce y me sentí orgullosa de que fuera mi amigo también. Me sentí feliz por haberme ahorrado ese dinero porque en realidad no me sobra y también me sentí feliz de no haber tenido que dejar nada. Me sentí agradecida con el muchacho porque, sin conocerme, accedió a hacerme ese favor y, aunque se oiga cursi, me sentí completamente en deuda con la Argentina entera porque, lo que sea de cada quien, me trató muy bien en mi primera visita.

Al chico es probale que no lo vea nunca más, de hecho, ni siquiera me acuerdo ya de sus facciones, pero desde aquí le va un abrazo y un agradecimiento. Yo sé que su detalle amable le será recompensado (o ya le fue recompensado) en algún momento.



16 comentarios:

angel lago villar dijo...

¡¡Ojala, hubiera más Fernanditos en el mundo!!!

Aunque muchos así arruinarían a la empresas ;-)

Pero,de todas formas, las empresas ganan bastante :-]

Un besito.

Roberto dijo...

Agrego que lo curioso era que se permitía llevar hasta dos maletas de 23 kg sin cargo pero no una de 27.

Gamar dijo...

Ah, que bien. Ya conociste en carne propia la corrupción argentina. Por suerte en esta ocasión te tocó salir ganando.
Así de informales somos por desgracia en todos los asuntos y es eso, en parte, la causa de algunos de nuestros problemas.
Me desorientó el título, porque hay un trago acá llamado Fernando o Fernandito.
Está compuesto por Fernet y una bebida cola. Es muy fuerte, no para los que estén acostumbrados a tomar tequila.
Muy buena anécdota.
Beso

Levemente dijo...

Dice un refrán... "Amigos, ¡hasta en el infierno". Y aeropuertos, por supuesto :-)

Roberto demostró ser un estupendo Cicerone y, si madrugó para acompañarte a que tomases el avión de regreso, ¡un caballero!, además de amigo, por supuesto.

Qué bueno que se trató tan bien en tierra Argentina amigüi.

Víctor dijo...

Yo pensaba que los Físicos Eminentes no salían de su despacho o laboratorio... y ahora me entero que son los Reyes del Mambo, que tienen conocidos en todas partes.. :-D

Muy buena la anécdota, Myriam.

No está bien saltarse las normas, eso lo pensamos todos. Pero no todas las "irregularidades" son iguales.. no es lo mismo que alguien planifique una infracción para enriquecerse a costa de los demás, o que cometa una infracción -por lo demás, poco importante- reaccionando a un buen sentimiento. La acción del tal Fernando habrá sido incluso beneficiosa para la compañía área o para Argentina... por sólo 50 dólares, ha conseguido que una extranjera se sienta "en deuda" con el país, y, por tanto, con ganas de volver. (Bueno, ese sentimiento de gratitud hacia el pais seguro que tiene muchos otros motivos también...)

Myriam dijo...

Ángel: la verdad es que pagar 50 dólares por tres cosas de más si da coraje, claro, a las empresas no les conviene, pero digo, invertí mi dinero en otro país, tampoco es que no les convenga. Pero claro, después de leer los comentarios me ha dado cargo de conciencia :) no lo había visto desde ese punto de vista.

¡Beso!

Myriam dijo...

Roberto (Danielito): ¿Entonces no eran 25? mira, te digo que ya se me estaban olvidando los detalles, gracias por recordarme eso, pero... ¿entonces pesaba 27? que mal, no sé en qué momento se me ocurrió llevar tantas cosas.

Myriam dijo...

Gamar: La verdad es que no lo había visto como corrupción, lo había visto como un regalo que me hizo la Argentina :D, pero es cierto, aunque si a corrupciones nos vamos la corrupción acá en México es un problema muy fuerte, no por nada tenemos una muy buena fama de corruptos ante el mundo entero.

El trago que mencionas no lo conozco, pero de hecho no soy mucho de bebidas dulces, prefiero más la cerveza o tequila acompañadas de sal, limón y picante, o de un buen vinito, ni muy dulce ni muy astringente. Ojalá un día de estos nos tomemos algo así para platicar. ¡Saludos!

Myriam dijo...

Si Levecita, Roberto es un amable de pe a pá como decimos aquí. Me trataron bien y claro, perdieron 50 dólares pero un día volveré a invertir varios cientos para regresar, creo que es buen negocio para ellos.

Un abrazo.

Myriam dijo...

Así es Víctor, me quedaron ganas de regresar. Claro, ahora estoy un poco apenada ¡pero yo ni siquiera le pedí que me liberara de la multa! y seguro Roberto tampoco lo hizo, fue una desición de el chico, bueno, de ellos, quizá eso es lo que hacen con todos los familiares, qué se yo. Deveras, yo no pedí que me liberararan del pago, además iba muy enferma y ni cuenta me di bien de como estuvo todo.

A pesar de eso para mi fue una gran experiencia, no por los 50 dólares sino porque me sentí muy honrada por muchas cosas a la vez.

En fin, que cuando vengan a México verán que también les harán rebajas, y los van a tratar bien.

Y si, Roberto es un conocedor de Buenos Aires, incluso realmente podría ser un Rey del Mambo y nosotros sin saberlo :)

¡Beso!

Víctor dijo...

jaja, nada de sentirse apenada, mujer.. es matemática pura: muchos argentinos aprecian a Roberto y Roberto te aprecia a ti, luego muchos argentinos te aprecian a ti. Eso no tiene nada de malo, todo lo contrario :-)

Besos

Roberto dijo...

¡Bien, Víctor! Eso sería la propiedad transitiva del aprecio que, por lo que veo, se puede aplicar a todo nuestro pequeño conjunto de escritores que nos leemos unos a otros.
Abrazo desde Buenos Aires.

Roberto dijo...

Myriam: sí, los números clave en la conversación eran 23 y 27... y pagar 50 dólares por cuatro kilos era injusto cuando te permitían llevar 46 (!!!!!) siempre que estuvieran divididos en dos maletas. (?????)
Beso.

Myriam dijo...

Víctor: pues algunos argentinos si me quisieron, por lo menos los de las tiendas me trataron bien :)

Roberto: ¡Cierto! que cosa tan absurda, no me podía pasar de 23 pero podía llevar dos maletas, cada una de 23, o sea ¡46 kg en total! :)

Ahora me hiciste recordar otra cosa absurda que pasa en la escuela donde estudio: si queremos tomar una materia que no está en nuestro plan de estudios y la dan en otra facultad o universidad, podemos hacerlo, pero para que nos la hagan válida ¡tenemos que especificar su equivalente con alguna de las materias que se imparten en mi escuela!. Que contradictorio ;)

¡Un abarzo fuerte Roberto!

Víctor dijo...

Myriam, ¿tú qué prefieres? ¿manejar dos maletas de 23 kilos, o una de 46 kilos? Pues seguramente los trabajadores encargados de subir las maletas al avión, piensen lo mismo que tú ;-)

Myriam dijo...

¡Jajajaja! oigan, últimamente ustedes están haciendo que se develen ante mis ojos muchas verdades de la vida: ¡pues claro! son dos de 23 porque una de 46 es muy pesada para cargarla, ¡por Dios! eso es muy lógico y yo sin saberlo hasta hoy :) están haciendo que pierda mi inocencia :) jajaja.

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