martes, 15 de febrero de 2011

Sobre el amor y la desconfianza

Existe un momento en la vida en que uno se tiene que decidir a hacerlo. Siempre dijeron que era una gran responsabilidad y que pensara bien si realmente estaba preparada. Tantos años leyendo sobre el tema, preguntando a los compañeros más grandes sobre sus experiencias y haciendo pequeños y penosos intentos de principiante, me hicieron creer que ya estaba lista.

Ya sobre la marcha no es como lo platicaron. Hay ocasiones en que uno no sabe ni como empezar, luego, ya estando ahí surgen imprevistos que hay que resolver con ingenio para no quedar mal. A veces se suda, duelen las piernas, pero en definitiva, lo que más me duele siempre a mí, es la espalda de estar ahí tratando de que todo salga como debe de ser. Hay que ser delicados, pero muy decididos en esos momentos para salir exitosos.

Al final las manos quedan oliendo extraño: una mezcla de hule, sudor y otras cosas raras, pero lo primero que me dijeron es que por nada del mundo se me ocurriera quitarlos durante el acto porque no estaba yo tratando con cualquier cosa, y claro ¡mucho menos llevarme nada a la boca! (eso la verdad de repente se me olvida y no le he hecho mucho caso).

Cuando todo acaba, el lugar queda completamente batido y desordenado, al igual que mi cabello que siempre termina despeinado, pero... ¿áspero? nunca he entendido porqué después de todo eso, el cabello me queda así.

Ya en la noche, cuando todos duermen, se me va el sueño en pensamientos y recriminaciones: "...lo debí haber hecho así..., ...debí agitar más vigorosamente..., ...quizá si le hubiera dado un poco más de tiempo..." ...pero ya es muy tarde, ya pasó.

Entonces al día siguiente regreso con cierto temor a verle la cara, y si se le nota algo raro es porque entonces algo salió mal. ¿Con qué sorpresita me saldrá ahora? ¡y es que sólo de verlo no puedo adivinar!. Voy a tener que interrogarlo para que me diga la verdad y si es necesario incluso utilizaré métodos de tortura. Lo voy a poner frente a una luz intensísima y lastimosa para ver que información me suelta, y después de eso lo voy a someter a electroshocks y ahí si que no podrá quedarse callado el muy sinvergüenza.

Al final, ya algo magullado, me dirá toda la verdad. Me dirá que lo hice bien, que soy la mejor, que sin mi no sería quien es hoy y que casi me debe su existencia (que siempre ha sido un poco dura, a decir verdad). Que me agradece todo el tiempo y dedicación que le he otorgado y que si quiero puedo ir a divulgar lo nuestro sin omitir detalles, claro, si es que eso a mi no me causa problema o algún empacho.

Entonces yo me siento culpable por haber desconfiado de él. Le digo que cómo puede decir eso, que yo lo quiero mucho y que a pesar de que sea tan calladito, medio gris y más rígido que una tabla, me da muchas satisfacciones, que no sabría que hacer sin él y que nos espera una larga vida juntos, por supuesto, si él quiere acompañarme.

Le digo que él es mi tesoro, mi joya. Y como después de tanto maltrato todavía no me cree, le digo: "Está bien, te lo confieso aunque eso saque el lado débil que no me gusta mostrar... eres la gema que con sus brillos le da destellos de felicidad a mis días".

15 comentarios:

Gamar dijo...

Cuánta pasión en esta historia.
Y al verle la cara se nota que lo hiciste muy bien.
Felicitaciones por tus gemas y por tu vertiginoso relato apasionado.
De a poco te vas animando y vas mostrando más. Eso me gusta.
Besos y felicitaciones por tu creación.

angel lago villar dijo...

¡¡¡Hijole y Super Hijole!!!

Pero, no ibas pasito a pasito....peldaño a peldaño.....¡¡¡Y¡¡Has cogido un Ascensor!!!!

¡Ole, por esta apasionada Myriam!!

Un beso

Myriam dijo...

¡Jajaja! Gamar, la verdad es que este relato lo he disfrutado mucho, es como dar un pequeño paso en esa "evolución". Creo que es lo único bueno que me dejó el ver "el Cisne Negro".

¡Beso!

Myriam dijo...

Ay Angelito, pero te prometo que todo el tiempo he estado aquí metida en el laboratorio. Y no fue un elevador sino una catapulta la que me soprendió. Por favor, no me vayan a lapidar después de esto. Después de todo soy humana, tengo sentimientos y mi trabajo me apasiona.

Roberto dijo...

¿Cómo que te vamos a lapidar? Muy por el contrario, te vamos a felicitar y a llenar de besos.

Myriam dijo...

¡Ayy! gracias Robertito :)

Roberto dijo...

Tú te lo mereces.
:)

Víctor dijo...

Myriam, eres GRANDEEEEEEEEEE!!!!!

Imagino que eso de crear un material nuevo, que además sea potencialmente útil, será una sensación magnífica. Debe sentirse uno como un Dios, ¿no?..

Por favor, cuando te hagas famosa, recuerda que yo ya te adoraba de antes :-)))))

Un abrazo, y felicidades.

Roberto dijo...

Y... cuando cobres el chequecito del Nobel no te vayas a olvidar que yo también te adoraba de antes.
:)

Myriam dijo...

Víctor: en ese GRANDEEEEEEE te imaginé de pie y aplaudiendo como después de una gran interpretación :)

¡Gracias, gracias! (digo yo haciendo reverencias y aventando besos al público). Y si, me siento magnífica, me siento como una Diosa de 50 micras :)

Y Víctor, tus cariños no me pueden dejar de sorprender, pero que no te quepa la menor duda de que yo te adoraba de todavía más antes.

Otro abrazo para ti :)

Myriam dijo...

No me olvidaré, incluso con ese mismo cheque les voy a pagar a todos asientos de primera a Curazao a ver si así por fin ya se concreta la reunión.

¡Y no! tampoco lo que hago es investigación de frontera, pero no sabes que satisfactorio es que a uno le salga un materialito que antes era vil polvo y luego sirva para algo. Y como he dicho antes: a falta de hijos, pastillas de cerámica :)

¡Beso!

Roberto dijo...

Bueno, si vamos en primera clase y gratis creo que podríamos aceptar que el punto de encuentro fuera diferente del baricentro del lugar de residencia de los asistentes. Así que ni Curazao ni la isla de Ascención... bien podría ser México DF, ¿no?

Beso.

Levemente dijo...

Bueno, bueno... ¡menos mal que trabajas con materiales y no con celulas madre... Diosaaaaa!

Enhorabuena, amigüi... ¡y que tiemble el Olimpo! :-)

Víctor dijo...

Me voy a ir comprando el billete de avión para Estocolmo... tengo una fe ciega en el Nobel de Myriam.

Y luego estoy dispuesto a viajar a México o a Buenos Aires.. ¿sabéis que ambas ciudades están casi a la misma distancia de Madrid? Lo vi una vez en un folleto de Iberia. BA está sólo un 10% más lejos. Me pareció curioso.

Un abrazo al todos, y al Rey de Suecia.

Roberto dijo...

Sí, Víctor. México está muy al Oeste, aunque no parece. Las proyecciones de los mapas muchas veces engañan.

En cuanto a la reunión, me parece que ya está claro: con un tres por ciento del cheque de Myriam vamos todos a Estocolmo en primera clase y al mejor hotel de Estocolmo. Si podemos, entramos a la entrega del premio y si no, la esperamos en la puerta y hacemos un festejo importantísimo.

Saludos desde Buenos Aires.

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