lunes, 22 de agosto de 2011

El encerrón

Todo mundo le decía que no pensara en esas cosas, que lo importante era disfrutar lo que hacía en ese momento y que ya habría un día en que se debería preocupar por eso, pero que ahora no, según decían aún estaba muy jóven. Un tiempo hizo caso a esas recomendaciones y se la pasó medianamente bien, bueno, ¿para qué engañarse? hubo ocasiones en que si se la pasó completamente bien, pero ya había pasado más de un par de años de eso y ella aún no veía claro.

Secretamente se empezó preocupar pues había cosas que no es que ella no quisiera que sucedieran sino que simplemente no sucedían. Si todo dependiera de ella podría ponerle solución pero en estas cosas uno siempre depende de alguien más.

Se venía el tiempo y ella pensaba que ya se le estaba pasando la hora. A su edad muchas ya habían salido de eso y ahora tenían vidas productivas y ya se dedicaban a educar a otros más pequeños. Pero ella no, en realidad era para preocuparse. Si simplemente pudiera quedarse todo el tiempo feliz ahí entre sus papeles, sus libros y su computadora y de cuando en cuando salir a la calle a tomar un café o a hacer un viajecito todo sería perfecto, pero no, la naturaleza de la vida dictaba que ya se le estaba pasando la hora.

Realmente preocupada por esa situación decidió hacer una cita con el doctor que le había estado dando seguimiento en los últimos años y le explicó su situación. Mientras le contaba no pudo evitar que los ojos se le pusieran rojos pero obedeciendo a su dureza de carácter se tragó esas lágrimas que no iban a resolver nada y menos frente a él.

Entonces, el doctor humanizándose un poco, le dio un consejo que advirtió era muy personal y que sólo obedecía a su experiencia pero que obviamente de manera científica suele funcionar. Ella lo escuchó con atención abriendo cada vez más los ojos. Mientras lo escuchaba ella pensó que todo eso era muy drástico y muy aventurado y que nunca, ni en otros tiempos había hecho algo así por muy apurada que hubiera andado.

Lo que él le recomendó así ya sin más tapujos fue darse un buen encerrón de unos tres días por lo menos. Le recomendó que aprovechara esa época en la que se avecinaban las vacaciones para intentarlo una vez más pues quizá en ese periodo el ambiente veraniego le ayudaría a estar más relajada y podría obtener mejores resultados. Lo importante es que tuviera a la mano todo lo necesario pues estando de vacaciones todos los negocios y servicios estarían cerrados así que difícilmente iba a conseguir algo de emergencia por lo que tenía que planear bien todo, checar el calendario y calcular bien sus tiempos y cuando creyera que era el momento, darse ese encerrón y ¡a fuerza que iba a salir de ahí con eso resuelto!

-¡Glups! Pero… ¿en vacaciones? Yo siempre suelo estar esos días con la familia ahí en la casa… lo van a notar- dijo ella.

-¿¿Ves?? Por eso no resuelves nadaaa- le dijo el doctor perdiendo su compostura habitual porque se empezó a desesperar. -¡Tú sola te estás dando cuenta de cuál es tu problema y si no le pones solución ya será tu responsabilidad!- le dijo en un tono que nunca le había escuchado.

-Pues… está bien- dijo ella un poco avergonzada por toda esa charla. Ahora su preocupación era por cumplir con aquello que le habían encomendado.

E hizo eso: preparó todo, fue a una farmacia del centro a conseguir lo que le hacía falta pues sólo ahí conseguiría de ese tipo de cosas raras que necesitaba y aunque era penoso ir hasta el centro a conseguirlo con tanta gente ahí amontonada sobre los mostradores, eran días de asueto y los proveedores que usualmente llevan esas cosas a domicilio también estaban de vacaciones. Incluso alistó comida para tenerla a mano cuando le diera hambre y estuviera demasiado ocupada tratando de resolver ese asunto.

Tenía todo listo pero al final se dio cuenta de un pequeño detalle: le estaba haciendo falta un amigo para llevar a cabo su plan. Hubo uno al que se encontró casualmente en el chat, le platicó su proyecto y el otro sin protestar mucho se ofreció a “ayudarle”.

¡Y para que contar el intermedio! sólo basta decir que después de los tres días terminó hecha una piltrafa, cansada, mal comida, mal dormida, sucia y despeinada, ¡y con un dolor de espalda! que sólo se iba a arreglar con un buen masaje, pero con una sonrisa de oreja a oreja de esas que pocas veces le salía natural.

Todo había salido bien y su amigo, que no compartía su preocupación pero que muy “caballerosamente” se había prestado a ayudarle en su proyecto, también estaba contento de haber contribuido a que ella lo lograra y se la pasara bien.

Aunqueee… en realidad para esa hora él ya estaba bien aburrido de haberle enviado mails cada media hora para desearle éxito en su trabajo y para decirle por millonésima vez que confiara en ella misma, que era capaz de llevar a cabo esa maldita reacción, que su proyecto iba a estar terminado para la fecha en que se lo pedían, que los gráficos le estaban quedando muy bien y toda esa linda letanía de palabras de aliento que los amigos se dicen cuando se necesitan en momentos difíciles.

Ella terminó el verano con el trabajo y el reporte terminado y muy feliz de haber sido capaz de salir de ese pendiente que ya le carcomía el ánimo desde hace algunos meses.

Pero claro, por salud mental su amigo después de eso se tuvo que dar vacaciones de ella y la marcó como “bloqueada” en todas sus redes sociales casi hasta la Navidad.


6 comentarios:

Gamar dijo...

Lo tengo que volver a leer.
Y antes buscar algunos localismos mexicanos.
Beso

Víctor dijo...

Enhorabuena a ella, y enhorabuena al amigo. ¿Hasta Navidades de vacaciones? Muchas vacaciones son esas..

angel lago villar dijo...

¡¡Aquí hay frases de doble sentido!!! :-D

Besitos, amiga

Myriam dijo...

¡Jajajajaja! primero le contesto a Ángel.

¡Ay amiguito! si yo era buena pero mi entorno a veces me vuelve perversa, ustedes disculparán, pero si te das cuenta no niego la cruz de mi parroquia me la vivo en el laboratorio Angelito, déjame aunque sea hacerme la ilusión ¡jajajaja!.

Ya me sonrojé.

Myriam dijo...

Gamar, bueno si en realidad hay dos localismos.

El primero es lo de "la farmacia Paris" lo cual sólo alguien que viva en la Cd. de México podría conocer casi con seguridad.

La farmacia Paris es efectivamente una farmacia pero de mucha tradición, data de 1944 y aunque su infraestructura no es de lo más moderna que hay, es muy famosa porque ahi venden todo lo que te imagines de cosas de farmacia y mucho más a precios convenientes. Es un negocio que aparte tiene otro local para cuestiones de medicina naturista, homeopatía, material quirúrgico y de laboratorio. Toodos en la secuandaria alguna vez tuvimos que ir a esa farmacia a comprar cubreobletos, termometros, vasos de precipitado y cosas así. Pero a lo que yo me refería es que hay una sección donde venden reactivos químicos, es el unico lugar donde seguro encuentras ácido clorhídrico, sulfúrico, óxidos, y alguno que otra sustancia sobre todo para aplicaciones de perfumería, entonces a veces uno ahi puede ir a comprar reactivos de laboratorio lo cual ha sido mi caso porque se tarda mucho el proovedor cientifio a llevarlo al laboratorio.

Y lo otro es el encerrón jeje. El encerrón proviene de "encerrarse" o sea, de cerrar la puerta jajaja. Ya, esa es la definición.

Pero disculpa si el cuento fue muy local y muy suciesote. Es que ya era la 1 de la mañana y yo, por alguna razón, no terminaba mi trabajo que iba a entregar al día siguiente y para desestresarme escribí una locura.

¡Besos!

Myriam dijo...

Pues enhorabuena para ella porque al amigo lo dejó hastiado y para desintoxicarse por lo menos necesitó medio año Víctor.

¡Ay! ya me dio pena con ustedes que son mis figuras de autoridad. Perdón, pero es que eso de desvelarse seguido no deja nada bueno.

¡Beso!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...