jueves, 8 de septiembre de 2011

Kilómetros de inspiración en 400 páginas

"Siempre comienzo estas competiciones con unos objetivos elevados, pensando en hacer algo especial. Después de cierto punto de deterioro físico, los objetivos son reevaluados a la baja, hasta el punto en que me encuentro ahora, donde lo más que puedo esperar es no terminar vomitando sobre mis zapatillas"


EPHRAIM ROMESBERG,
ingeniero nuclear y ultramaratonista
después de correr las sesenta y cinco millas
de la ultramaratón de Badwater





Estos días cuando visité el blog de mi buen amigo Ángel me encontré con sorpresa que su última entrada que trata sobre recomendaciones de libros "de correr" está encabezada con la imagen de un libro que a últimas fechas terminé de leer. Por esta razón se me hizo oportuno hacer esta entrada para hablar un poco de lo que encontré en su lectura.

Por momentos este ya puede parecer un runner-blog pero créanme que tengo en mente algunas entradas sobre temas de mi trabajo de investigación, pero como ese tema da vueltas en mi cabeza todo el santo día, el del running jala poderosamente mi atención en mis ratos de relax.

El libro (el cual muestro con mi elegante sweater consentido para andar de floja en mi casa) fue regalo de otro súper amigazo del alma que es Víctor el cual me lo envió con motivo de mi pasado cumpleaños. Bueno, cuando lo recibí me emocioné muchísimo y durante un par de semanas me acompañó incondicionalmente en mis trayectos casa/instituto/casa y fue tan grata su lectura que hasta lamentaba tener que abandonar el trajín del metro porque me quedaba "picada" con su lectura, afortunadamente siempre volvía a amanecer y era una nueva oportunidad para meterme en la lectura y la historia.

Básicamente el libro trata de la experiencia del autor, un periodista común y corriente en el sentido de que igual pudo haber sido contador, profesor o cocinero, pero que se interesó en el escabroso tema de ¿por qué algunas personas SI ESTÁN HECHAS para correr y otras, como él, al menor esfuerzo se lesionan, se sofocan o empiezan a sufrir con la experiencia?.

Pues a partir de esta pregunta el autor Christopher McDougall emprende un viaje a México donde le han contado que se encuentra un hombre que podría ayudarle a hacer un enlace entre él y su cámara de reportero, y una de las tribus o etnias de súper atletas que sin saber nada de técnicas avanzadas para correr, tecnología en calzado deportivo, suplementos alimenticios o iPods con aplicaciones para training pueden correr por horas o días enteros en caminos inhóspitos y bajo condiciones que para la mayoría resultarían bastante hostiles. Dicha etnia es la Tarahumara o Rarámuri que se ubica al norte del país y cuyas viviendas se encuentran en lo alto y profundo de las Barrancas del Cobre, una belleza natural orgullo de México pero poco accesible para el ciudadano común.

De las cosas más interesantes que me dejó su lectura fue, primero, saber que desde nuestros origenes los humanos somos seres corredores y que nuestro pie posee una arquitectura fabulosa que lo hace apto para correr descalzo, así como lo hacen los tarahumaras o los nigerianos los cuales sobresalen siempre en las competiciones atléticas por su velocidad y alta condición física precisamente porque desde niños corrieron descalzos o con suelas rústicas cuya única función es proteger al pie de objetos punzocortantes, pero nada de calzado con soporte, amortiguamiento o sistemas de aire. De esta manera acondicionaron sus pies a tope de una manera que nadie más que ellos lo hacen. En base a esto, el autor a través de su investigación apoya la idea de que la elección del calzado es fundamental pues investigaciones han determinado que éste puede ser el causante de las lesiones más frecuentes en el corredor y además opina que la innovación en los zapatos deportivos o "zapatillas" como le llaman en otros países, sólo obedece a motivos mercantilistas y no necesariamente a fomentar el bienestar del corredor.

Una de las alternativas que se han ingeniado para poder aplicar este principio del "menos es mejor" en el running son unos zapatos muy curiosos llamados Vibram FiveFingers que son casi una segunda piel para el pie que se calzan como un guante lo hace en las manos:


No faltará decir que a partir de leer eso saqué las pantuflas con suela de cuero delgado que me regalaron en navidad y lo empecé a utilizar como mi calzado para estar en casa y de esa manera empecé a sentir el duro suelo bajo mis pies lo cual me hace pensar que un un primer paso para conectarme más con las raíces de un caminar más natural :D.

Bien, pues por otra parte también se menciona mucho el papel del caracter espirirtual o emotivo a la hora de correr. En igualdad de condiciones físicas una misma carrera puede significar un goze para una persona y una verdadera tortura para otra, eso depende mucho del estado mental de la persona. Como experiencia recuerdo que en una de las carreras que he participado me encontré en la línea de salida a un amigo que me empezó a platicar de sus entrenamientos programados que le estaban dando muy buenos resultados, de su nuevo reloj que tiene un dispositivo que se ajusta al torso y que monitorea, pulso, velocidad, calorías quemadas, respiración y no sé que mas cosas, y además criticó mi mal descanso previo y mi poca asistencia a la pista de mi escuela para practicar (¡pero si yo aparte de todo tengo que elaborar dieléctricoooos! si no se hacen solos, no es excusa pero tampoco soy mi propia jefa). Eso hizo que saliera con el ánimo medio caído y terminando esos 10 km, me surgió un dolorcito en la rodilla derecha y yo nunca antes me había lesionado. No pasó a mayores pero el libro cuenta una anécdota parecida donde curiosamente los tarahumaras que son personas profundamente espirituales atribuyen el daño a la "mala vibra" que uno de los corredores depositó sobre otro en algún momento durante la carrera. Que curioso, justo como me pasó a mi.

Entonces, es importante el ánimo y la actitud que tiene uno al correr. Es un momento de introspección, donde uno mismo se conoce, donde se empiezan a sentir cosas que del diario no se sienten. Sudar, cansarse, vencer lo intimidante que puede ser ver pasar gente rebasando a los lados o una pendiente demasiado pronunciada son sensaciones que dejan una eseñanza que se puede aplicar a demás aspectos en la vida: "nada se consigue sin esfuerzo", "las mejores cosas de la vida no tienen precio", "el que quiere, puede" y "no hay que llegar primero, sino hay que saber llegar" (ah no, esa es una canción) y así, muchas cosas increibles que deja el someterse a si mismo a pruebas que ponen al límite nuestras capacidades.

Así pues, es sorprendente saber que todos hemos nacido para correr. Como dice el mismo libro: si los nadadores requieren aprender técnicas para nadar bien, también podemos aprender técnicas para correr adecuadamente, ser eficientes y evitar lesiones y para ello no necesitamos grandes recursos, simplemente una buena técnica y una buena actitud.

¡Muchas gracias por el libro y muchas gracias por la inspiración!

Saludos.

6 comentarios:

Gamar dijo...

Yo creo que para hacerme correr tiene que haber algo así como un león rugiéndome detrás. O alguna belleza llamándome desde adelante.
Nunca me gustó demasiado correr.
En la escuela era muy bueno en los 50m, el mejor de mi clase. Bastante bueno en los 100m, ganaba casi siempre, pero ya los 200m eran una tortura para mi, me quedaba sin aire, sin ganas de seguir sufriendo y me quedaba sin voluntad.
Necesito un motivo para correr, no logro verlo como algo en sí mismo y te felicito por lograrlo.
Puedo jugar dos partidos seguidos de padle o tenis, corriendo como loco, pero porque el objetivo no es correr, sino alcanzar siempre la pelota.
Pero puedo compartir y entender eso que cuentas de la parte emocional. Soy el mismo, uso la misma raqueta o paleta cada vez que juego, pero si entro positivo, festejo cada tanto y aliento a mi compañero, puedo jugar muy bien. En cambio si ando con algo en la cabeza o si juego con alguien con poca confianza y juego callado puedo ser el peor jugador.
La motivación es todo y cada uno la encuentra de manera diferente.
En mi caso, tengo que desconectarme de todo y sentirme el mejor jugador del mundo. Aunque mi mundo tenga 1m a mi alrededor.
Curiosamente, eso que mencionas de correr descalzo, no sólo se aplica a las carreras.
Los mejores jugadores de fútbol surgen de barrios pobres o muy pobres, de chicos jugando en la playa, como pasa con los brasileros o en los "potreros" como pasa acá. En esos casos, muchas veces juegan descalzos y creo que el cuerpo se ajusta de una manera perfecta en esa condición.
Yo no ando descalzo nunca. Al bajarme de la cama busco algo para ponerme para no tocar el piso. Debe ser por eso que al fútbol soy un "pata dura".
Besos

Myriam dijo...

Querido Gamar, me parece muy interesante lo que comentas pues creo que en deportes así como en las profesiones, existe una vocación innata que nos hace elegir el tipo de actividad física con el cual nos sentimos plenos.

También creo que depende en mucho de la personalidad de cada individuo pues los que son más sociables eligirán posiblemente algun deporte de conjunto mientras que los más reservados preferirán la soledad mientras realizan un esfuerzo físico.

Como sea, no creo que sea malo no gustar de correr siempre y cuando haya alguna otra actividad que si nos guste hacer.

Por otra parte, soy de la idea que cualquier cosa en la vida que no nos haga felices la deberíamos de eleminiar de inmediato, así que si particularmente una actividad en lugar de hacernos felices nos agobia, no será buena para el cuerpo.

Y efectivamente los que no ponen restricciones entre su cuerpo y el medio desarrollan mejores habilidades, por ejemplo los ciegos que desarrollan mejor el sentido del tacto al utilizarlo más y al ser concientes de todas sus sensaciones. Según la investigación documentada en el libro, se dice que el arco del pie es una estructura sumamente fuerte con una estructura de dintel que soporta y reparte la carga del cuerpo uniformemente, y al colocarle amortiguamiento proveniente del calzado no se fortalece y no se explota al máximo el potencial que tenemos en los pies.

Como sea, es una lectura muy recomendable, nada novelesco sino que todo es casi un documental. Dicen que la realidad supera la ficción, así que ¿para qué quiere alguien novelas con estas historias de superatletas que son reales y cuyas hazañas están registradas en los libros de records?

Un beso grande Gamar.

angel lago villar dijo...

Ja,ja,ja...Es normal que las almas gemelas lean libros gemelos.

Es, de todos, mi preferido por la cantidad de sensaciones comunes que he experimentado al leerlo con los ojos y sentirlo en mis piernas.

"Cambiando de tercio" (expresión taurino hispana): ¡¡Qué bonita la foto de tu maravillosa persona que has puesto en el blog!!

Un abrazote.

Myriam dijo...

Así es Angelito, pero voy a buscar ese libro que recomiendas de "La soledad del corredor de fondo" que me llama mucho la atención.

Y bueno, pues era necesario cambiar la foto porque la que tenía ya es de hace casi tres años y ahora ya tengo el cabello mucho más largo y supongo que en 3 años he cambiado un poquitín jeje, pero mil gracias por ser tan amable con tus comentarios.

¡Beso y abrazo para ti!

Víctor dijo...

Ejem... me alegro que te gustara. La ecuación no era muy difícil: (Nacidos para correr) + (México) = Myriam

Víctor dijo...

Ups, que hablo con una física... dado que las incógnitas no son tales, no se trataría de una ecuación sino de un simple polinomio, ¿no?

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