
Salgo bañadita todos los días, la ropa que elijo es cómoda pero no para parecer floja. Nada de tacones, nada de brillos, nada de estampados floridos. Simplemente ropa linda, de colores lisos y algunos que otros cuadriculados. Cabello lacio u ondulado dependiendo del tiempo disponible, un poco de aroma en el cuerpo y color en la cara. Desayuno sano y nada más. Emprendo así el camino al Instituto.
A veces es mejor ponerse los audífonos y no escuchar todo el bullicio de la ciudad durante mi trayecto. Otras veces eso suele ser lo interesante, sobre todo cuando se suben algunos buenos músicos a tocar alguna pieza en el metro para pedir dinero.
Voy bien, voy en paz, voy escuchando música y voy cómoda conmigo misma.
En el Instituto trato de no meterme en líos y hablarle bien a los que tienen que tratar alguna cosa conmigo.
Cuando era más joven mi madre me decía que no me encorvara, que caminara derechita así que debo confesar que siempre trato de caminar bien erguida aunque no es de forma natural, siempre tengo que estar pendiente de eso y me cansa, pero sé que una buena postura denota mucho el estado de ánimo de uno, su autoestima y su actitud ante la vida.
Cuando estudiaba la licenciatura y debido a mi auto-represión basda en la filosofía de
no se puede disfrutar sin merecer se me metió la idea de que un estudiante durante la carrera tenía que picar piedra y que eso de arreglarse, maquillarse y andar de zapatito mono no era correcto para ese momento a menos que uno relamente tuviera todo bajo control y te sobrara el tiempo para la vanidad, y yo no tenía la situación bajo control. En la maestría pensé que ya me podía dar el lujo de vestir algo más propio pero que no estorbara para el trabajo, el laboratorio y las largas horas de estar sentada estudiando. Sin embargo, siempre creí que en el doctorado uno no sólo debía sino que tenía la obligación de estar bien y verse bien pues era ya un estatus que uno debía llevar con dignidad, así que se acabaron los tiempos de parecer "estudihambre" y ahora si parecer una profesional.
Entonces procuro estar bien. Llega la hora de la comida y cuando puedo lo hago con alguna compañía agradable, ahi mismo en el Instituto claro, y durante ese rato realmente intento disfrutar los alimentos. Después, no siempre, me cruzo la avenida y me compro un café: a veces cappuccino, a veces frappé, a veces un
smoothie de mango o a veces simplemente un té. Y trato de disfrutarlo. Nunca me niego a una conversación ni me privo de hacer algo por reprimirme más. Esos tiempos ya pasaron.
No obstante, hay gente a la que no le gusta verte feliz, hay gente que piensa que verte sufriendo es sinónimo de que estás desquitando tu salario o tu puesto en un lugar.
No tengo que irme corriendo a casa a una hora fija porque no tengo hijos, no tengo que reportarme con nadie porque no tengo pareja, en mi cabeza no revolotean problemas ajenos porque intento vivir sólo mi vida... esa es la parte buena. La otra cara de la moneda es que si tengo un problema serio, no tengo quien me abrace y me diga que todo estará bien, claro, podrían ser mis papás pero hay cosas laborales que considero no aptas para platicarlas con ellos. Si tengo un tiempo libre, no tengo con quien salir a platicar dando una caminata por la calle, por lo menos no alguien "real" a quien le interese sinceramente lo que me pase (nuevamente me vienen a la mente mis papás, pero nooo, por salud uno tiene que despegarse un poco de ellos). No tengo con quien irme a viajar, no tengo con quien ir al cine (si, mis hermanos y mis papás pero ellos no cuentan para
esos fines) así que... la felicidad en mi vida es justo la que yo procuro procurarme. Creo que no hay nadie más que crea que parte de su objetivo en la vida sea hacerme feliz, por lo menos no las 24 horas continuas, y yo necesito ser feliz las 24 horas. Así que tengo un problema.
Cada sorbo a mi café, cada bocado de una buena comida, cada blusa linda que uso o cada rociada de perfume es mi modo de procurarme felicidad. Me hace feliz saber que puedo verme feliz si cuido los detalles, si cuido mi forma de hablar y relacionarme.
Pero no. Eso para algunos es un error.
Para algunos lo ideal es verte mal, verte desvalagado, verte batallando y preocupado. Así creen que realmente estás ganando el pan con el sudor de tu frente. Y no saben muchas cosas.
No saben que ha habido tiempos en que comprarme un café era un lujo que no podía darme, no saben que hubo tiempos en que no podía tener tanta ropa como hubiera querido, no saben que hubo tiempos en que pasaba afuera de casas donde se veía luz y familias conviviendo y yo sólo me tenía que conformar en irme a dormir a un lugar nada acogedor. No saben que me sentía sola y que ese sentimiento lo transformaba como con un procesador de alimentos en trabajo y estudio arduo.
Además de eso no saben otras cosas.
No saben que cada sorbo de café es como un beso que nadie me da por el momento y que tampoco me han dado desde tiempo ha, no saben que usar un sweater bonito es como para suplir un abrazo que dure más que los que duran cuando me abrazan durante un saludo. Que el aroma es para procurarme yo misma una sensación agradable que vaya conmigo a donde voy a falta de tener en mente que algo bueno me está esperando en algún lugar, y que el escuchar música en el celular puede sustituír el escuchar a alguien agradable que me llame para preguntarme como estoy y que me desea un buen día.
Y no es que me haga la sufrida. Así lo pienso sinceramente.
Y no lo aparento pero me hacen falta algunas cosas esenciales para vivir. Y a veces sufro.
Tengo salud (lo más importante), tengo a mis papás y hermanos, tengo algo que hacer, tengo algo que decir, tengo algo que ofrecer, pero tal parece que aquí, en el perímetro de mi zona de movimiento, a nadie le importa.
Pero aparte de que no tengo hijos, ni novio, ni familia propia, hay quienes juzgan mal verme tomar un café tranquilamente "en horas de trabajo" aunque yo realmente no tengo un horario de trabajo. No saben que mi hora óptima de trabajo es en la noche, durante la madrugada.
Juzgan el verme pulcra pues entonces creen que me doy una vida cómoda de lady y que descuido otras cosas.
No saben que yo ya batallé.
Que tengo derecho a equivocarme.
Que tengo derecho a no ser perfecta.
Que tengo derecho a procurarme un momento de felicidad.
Que puedo hacer lo que yo quiera siempre que cumpla con mis obligaciones.
Que todos tienen vida menos yo.
Que ellos dedican su tiempo libre a su familia.
Que yo mi tiempo libre no tengo a quien dedicárselo.
Que es injusto que me juzguen mal por buscarme un momento agradable más si lo hago con alguna compañía.
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Myriam, ¿cómo le haces para tener necesidades y permanecer traquila?. Yo no puedo- me decía un compañero esta semana
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Pues... no sé- le contesté. -
Creo que si no conoces la forma de satisfacer la necesidad no te queda más que quedarte tranquila hasta que vuelvas a sentirte en paz-
Eso hace que piense que a mi edad...
Yo ya debería haber hecho...
Yo ya debería haber vivido...
Yo ya debería haber sentido...
Yo ya debería saber...
Yo ya debería haber...
Yo ya debería tener...
A mi edad...
No sé que pasa conmigo...
No sé que me pasó...
No sé en que momento "ese algo" dejó de funcionar normalmente No sé si volverá a funcionar
No sé en que momento me salió un caparazón como de ostra
Sólo me queda esperar a ver que desenlace tiene esto.
Como dicen "no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo aguante"
Y yo ya aguanté un buen rato.