Las mismas rodillas, los mismos empeines. Tenías que seguir bien.
Unas caricias en las mejillas. Todo normal pero mi cabeza me decía que me tenía que aprender rápido todos los detalles. Sabía que ya me los sabía pero una repasada no estaba mal.
Tenía que conservar este momento por lo que faltara para volverte a ver. Me lo aprendí pronto, prometí no olvidarlo.
Una última checada. Todo en su lugar, todo bien.
De acuerdo... podemos hacer eso. Puedo memorizarlo hasta ese entonces. Lo prometo.
Oye... pero tu estás como siempre. Eso es bueno.
Yo sólo creo que te aburrió un poco que ya no hubiera fiesta. Lo sentimos. Debimos haber hecho una fiesta cada día.
Quizá ahora sólo ves como trabajamos y nos hacemos bolas con lo que hay que hacer. Bien merecido nos lo tenemos, no sabemos hacer la fiesta como tu.
Yo lo intento ¿eh? ya me estoy dando mis escapadas de felicidad en horarios no aptos para ello.
Pero está bien, ya nos tocaba ver cosas que no veíamos antes. Hacemos lo mejor que podemos.
Hoy tuve que reventar la cerradura que pusiste. Quién sabe donde dejaron la llave pero tu ni te apures, la puerta ni se inmutó. Lo bien hecho no perece, la manija de la puerta, esa si, no aguantó ni dos apretones.
Y no te preocupes. Nada tienen que ver conntigo "las cosas que por servir se acaban", como decía la abuela. Lo tuyo no se raspa ni se bota, no se oxida ni se gasta. No te preocupes.
Procuraré seguir haciendo las cosas lo más adecuadamente posible. No para que te sientas orgulloso sino para que estés tranquilo, eso es mucho más importante.
Pues ya que.





