Parte de lo que hago en mi día a día es llevar a cabo retos experimentales intentando que cada vez estén mejor pensados y sean más metódicos para conseguir mis objetivos y al final obtener un material que sirva, que sea bueno y con el cual pueda graduarme de los estudios. Digamos que eso no es novedad.
Para ello hay que preparase informándose cada vez más sobre el tema en cuestión aunque en realidad a cualquier nivel se aplica aquella gran máxima que dice: "echando a perder se aprende" y eso es una ley que dificilmente alguien no cumple al meter las manos en el laboratorio.
En esta ocasión me impuse un reto casero que ya había pospuesto por exactamente un año: recrear en mi casa situada en la Ciudad de México las condiciones adecuadas, ambiente, utensilios y procedimiento correctos para preparar un auténtico mate argentino y, sobre todo, que al final el producto fuese una "muestra" comestible que me provocara un suspiro de añoranza y conmemoración anual de mi visita a la Argentina donde conseguí la materia prima para llevar a cabo "el experimento".
Mi intención era buena, deveras que si, y muy pensada ¿como no si me tardé un año en decidirme en hacerlo? y recordé que alguna vez encontré un esquema ilustrativo de como se prepara un mate, ah no perdón, como se ceba un mate y... la verdad es que si me intimidó. Recordemos un poco:
¡Glups! Mi primer impulso siempre fue echar algo de yerba y agua en un traste de metal, dejar que hierva, colarlo y tomarlo cual té de manzanilla, pero no, así no disfrutaría del verdadero espíritu del mate argentino así que aproveché que la cocina estaba un rato disponible para mi y llevé todo mi material a la mesa y repasando antes el procedimiento mentalmente para no echarlo a perder, me dispuse a empezar.
Cabe aclarar algo. Nunca, ni siquera allá, vi como se prepara el mate, nunca nadié me ha enseñado y todo lo que sé lo sé del Internet y de lo que me han platicado, por eso pienso que es como querer modelar en plastilina algo tan complicado como una mítica ciudad desaparecida pero quería intentarlo ¿por qué no?, quizá alguna vez algún argentino intentó preparar guacamole en molcajete sólo siguiendo instrucciones sacadas de Internet y yo consideraría que sería muy válido su esfuerzo. Entonces no había nada más que pensar, había que empezar a aplicar lo aprendido.
Materiales: Sabía que necesitaba una pava, pero yo no tengo pava y aunque me saliera a buscar una a la calle seguro que regresaría con las manos vacías porque aquí no sé donde vendan pavas por lo menos a unos 5000 km a la redonda. Bueno, seguro que debe haber en algún lugar pero yo no sé donde, así que saqué la tetera que tenemos para calentar el agua para el café ¿es que será lo mismo? porque se parecen. Bueno, pues ya estaba lista la pavatetera.
Después le tocó el turno a mi recipiente de calabaza que me traje de allá y que ya alguna vez les había mostrado. Al verlo ahí en la mesa de la cocina no sé porque me dió la ligera impresión de que antes de usarlo debería lavarlo, porque claro, si estuvo de ornamento en mi librero por un año, quizá le debío haber caído un poquitín de polvo así que me puse a lavarlo. Jamás había lavado un recipiente de ese tipo y vi con interés que además del polvo acumulado se le desprendía como que la pulpa de la calabaza que aún quedaba pegada a la cáscara así que mejor con una cucharita raspé y raspé hasta que se cayó la mayoría.
También lavé la boquilla desarmable (para que vean que si estudié) y lo dejé escurriendo mientras me preparaba para la siguiente parte del procedimiento.
¡Susto! ahora si iba a empezar la parte complicada, y entonces recordé el primer paso del procedimiento:
Por alguna razón leer números fraccionarios en una receta de cocina no me tranquiliza y venciendo la tentación de correr por mi regla de 30 cm como para darme idea de hasta donde debería rellenar, me dispuse a abrir la bolsa de la yerba y "a ojo de buen cubero", como decimos acá, rellenaría el recipiente esperando que no se requiriera tanta precisión:
¡Uff! lo logré. Yo creo que lo mío ya es bloqueo mental porque simplemente hacer eso me inspiró un gran respeto, no me fuera a equivocar.
La cosa se empezó a complicar más:
¡Ay nanita! a ver si no se me cae todo. ¿Pues que no da lo mismo? ¡pues si al final todo se va a mojar! pero claro, yo no voy a cuestionar siglos de tradición. Ustedes disculparán mi debilidad de espíritu así que mejor sigo y me apego al prcedimiento experimental.
Particularmente en este diagrama no enfatizan que se debe acomodar la yerba dentro del recipiente a 45° de inclinación para comenzar el proceso de "hidratación". Nuevamente, eso de leer ángulos en una receta de cocina despierta cierta angustia en mi, pero a pesar de eso lo hice y traté de mostrarlo en la siguiente foto:
¡Santo dios! esto se pone más interesante:
Unas referencias decían que agua tibia, otros decían que simplemente agua al tiempo, yo le eché agua de una jarra que tenía a la mano pero que no estaba caliente y mojé solo la parte más profunda de la yerba sin perder la inclinación. Bueno, necesitaba las dos manos así que usé una tapita que tenía ahí para no perder la "angularidad" de mi preparación.
Y venía lo mejor:
Mi inexperiencia me hizo dudar de como podría servir el agua, conservar el ángulo y tapar la boquilla al mismo tiempo. No me constaba que el agua estuviera a 80° pero si doy mi palabra que no la dejé hervir. Como pude lo hice pero como verán no pude tapar la boquilla:
Y ¡quedó!... ¿quedó?... pues... por lo menos algo quedó:
La ventaja que yo tenía a mi favor es que como jamás lo había probado no iba a saber si me quedó bien o mal, simplemente lo iba a probar y ya. La costumbre me hizo agitar con la boquilla como si estuviera revolviendo el café... uy, eso no estaba en las instrucciones. Aún así le puse un poco de azúcar, volví a revolver, y me dispuse a irme a mi habitación a degustar de mi mate versión Made in Mexico. Por fin estábamos sólo el mate y yo, por fin yo lo tenía a él y él me tenía a mi:
Haciendo una pequeña inspección ocular de lo que iba a tomar no pude evitar sacar un poco de muestra con la boquilla para ver la consistencia de todo eso:
"Esteee.. ¡Ok, va!" ¡claro que si!, íba a intentarlo... y lo intenté.
Pero como siempre sucede en los experimentos, uno a veces no está listo para los resultados, o quizá simplemente son pequeñas omisiones de logísitica básica. Y mi voz interna me empezó a sermonear como muchas veces lo ha hecho aprovechando para ello los momentos menos propicios como suele ser su costumbre:
"... A ver Myriamcita linda, discúlpame que me meta en lo que no me importa pero debo recordarte que tu naciste aquí por este rumbo... ¿si ubicas más o menos por dónde? (me preguntó moviendo el dedo en círculos señalando la periferia) ok bueno, por tanto tu sentido del gusto no está... ¿como te lo explico? entrenado para apreciar este tipo de sabores tan intensos que son completamente diferentes a lo que has acostumbrado probar en toda tu vida... ¿vamos bien hasta ahí?... Bien. Mira, tu boquita sabe comer estas cosas que básicamente son chiles en tiras sazonado con chiles y si te falta sabor le puedes poner un poco de chile... pero mate no. Discúlpame mamacita, sé que te mueres por probarlo y tomarlo como agua de uso... pero no. En esta ocasión no. Simplemente no".
¡Y bueno! ahí se acabó la historia. Debo decir que si pude probar 0.5 mL de la muestra de mate que preparé fue mucho. No pude, no. Me supo más amargo que la hiel (como suelen decir). Afortunadamente me queda el consuelo de que lo pude haber preparado mal y que algún día alguien que sepa (de preferencia argentino y guapo) venga y me lo prepare, o da igual si voy yo a que me lo prepare, la cosa es que no quiero perder la esperanza de que algún día me lo beberé hasta para pasarme las aspirinas cuando me duela la cabeza.
Y después del éxito obtenido y en un acto masoquista, me puse a ver muchas fotos traumáticas que abrieron aún más mi herida. ¿Por qué?, ¿por queeeeé? ellas si y yo no:
Y claro, esa tendencia mía a aparte echarle limón a la herida me hizo darme de topes contra la pared cuando me encontré con esta última:
Sin comentarios.



























