Ahora que echo una mirada hacia atrás, veo que todo lo malo ya pasó, puedo recordar los momentos difíciles sólo como una experiencia, y aunque me da tristeza haber batallado tanto, de momento me siento feliz de poder estar en el lugar en el cual me encuentro en este momento.
Hoy las mañanas son muy felices para mí, incluso hay veces en que no puedo seguir durmiendo más y me despierto mucho antes sólo para repasar en la mente todo lo que sucede en mi vida. En algún momento en el camino, logré quitarme uno de los lastres más grandes que tenía y creo que me basto a mi misma para buscarme motivos para ser feliz.
Me hace feliz lo que hago, ya se terminaron los días de las desveladas y desmañanadas por obligación, se acabaron los cursos que me desagradaban, los profes mala onda, y las tareas interminables. Creo que ya estoy cosechando lo mucho o lo poco que he sembrado todos estos años y soy una creyente de que lo que viene es mucho mejor. Agradezco que los amigos que realmente no lo eran, se hayan ido y que los que si lo son o lo quieren ser, se encuentren conmigo, aunque sea a la distancia, que la familia ya no se extraña con tristeza sino con gusto por las cosas buenas que cada quien hace por su lado, y agradezco a la vida por la salud que nos permite disfrutar de todas esas cosas. Considero que es fácil ser feliz cuando uno se esfuerza cada día por encontrar un motivo que nos haga sentir bien y que nos haga vivir en función de nuestro propio bienestar y no sólo en el de los demás.

Yo (al centro) con algunos compañeros hace algunos años cuando iniciaba esta etapa que ya va terminando por fin.
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