He de decir que el lugar estaba un poco inhóspito y seco pero lo importante fue que nos adaptamos y nos la pasamos de maravilla. La verdad es que hace mucho tiempo que no me reía tanto, de esas veces que hasta se va el aire de tanto reir. No cabe duda que si nos hace falta de cuando en cuando salir un poco al aire libre pues sólo así uno se puede desahogar y sacar todo el exceso de energía que a veces se acumula cuando se pasan tantas horas en un laboratorio.
Los dejo con muchas fotos de las que tomé y espero que les gusten.
El profe (de pie) platicándonos sobre su rancho
¡Original mexican food!
Todos los hombres asistentes: el profe, sus hijos, compañeros y uno que otro colado
Listos para dar un paseo por el rancho
Entrando a otra casa del profe
En la cima de un cerrito donde soplaba el aire bien fuerte
Descansando un rato en lo más alto
En una mina al aire libre
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