jueves, 22 de julio de 2021

Nadie sabe que pasará mañana

(Escrito hace tres años pero publicado hasta hoy)

Un día hace ya algo de tiempo, cuando aún tenía a mi mejor amiga, nos fuimos a tomar un café por un rumbo usual para nosotras, quizá porque a las dos nos quedaba cerca o quizá porque ya por esa zona empiezan los buenos cafecitos y el ambiente se pone un poco más bohemio e interesante.



No recuerdo si yo estaba de fijo viviendo en la ciudad o sólo estaba unos días y quedé con ella para platicar, como siempre lo hacíamos. Ella me contaba, como también era usual, que había algunos tipos/as en el trabajo que la molestaban, o que le tenían envidia, o no se qué, sólo recuerdo que no era propiamente una historia feliz la que me estaba contando. También me acuerdo que en ese entonces le gustaba un directivo de la empresa donde trabajaba. Ella decía que él a veces le sonreía y eso le daba ilusión a su vida.

Me acuerdo que en ese entonces yo traía entre mis cosas la foto de alguien que me gustaba, ¡vaya que me gustaba! y no sé si fue justo ese día que recién se la mostré pero a ella, por alguna razón, no le pareció tan buena idea. 

No recuerdo exactamente lo que me dijo pero si recuerdo bien que no se sintió tan feliz por mi, quizá porque si yo me entretenía con alguien dejaría de salir y platicar con ella. Ella también sabía que no le era tan fácil encontrar a "alguien" y que tal vez si lo encontraba, iba a sentir tanta inseguridad al respecto que seguramente antes de que empezara a haber algo, lo iba a terminar para no salir lastimada. Esa era la impresión que yo solía percibir de mi amiga.

En ese entonces yo la aceptaba así como era y como ella andaba desanimada y necesitaba un impulso para seguir, me dijo: "¿Qué tal si vamos por aquí cerca con una chica que lee las cartas?, a ver que me puede decir de como me va a ir".

Eso era algo que me encantaba de ella y que echo de menos. Esa actitud de tirar a la basura por un rato toda la ciencia que habíamos aprendido en la Universidad y dejar simplemente envolvernos por el misticismo que, supongo, debe rondar el medio ambiente y el espacio que nos rodea, era invaluable. Sin pedirnos permiso y de manera muy natural, nos dábamos la libertad de bajar el switch y pensar de manera diferente.

Por supuesto que le dije que si. Esa sensación de saber que vas a prácticamente quemar algunos billetes en media hora para entrar y creer en un mundo esperanzador que está a sólo unas cuadras de distancia de donde nos encontrábamos, no tenía precio. Que por unos pesos alguien te pudiera decir que va a pasar mañana, o pasado, es de las sensaciones más emocionantes que he tenido. Y es que nunca sabrás si lo que te dicen es cierto o te están tomando el pelo, pero en el caso de que te estén tomando el pelo, al menos a cambio te dejan con una esperanza y ¿dónde compras esperanzas? esas son difíciles de hallar.


Obvio, te viene a la mente todo eso de "no hagas esas cosas que son malas" pero bueno, si todo es una tomada de pelo ¿por qué sería malo?. En fin, que fuimos y la convicción de mi amiga me hacía tener más convicción en lo que estábamos haciendo.

Cuando te ponen ahí sentada frente a esa mesa en realidad si sientes como que vas a entrar a un mundo que no conoces, que las cosas que te dirán serán descabelladas y ya queda en uno si creer o no... y empezó. La oía hablar y al día de hoy sólo recuerdo una cosa que me dijo: "tu vas a hallar un hombre blanco, un poco robusto, más grande que tu, con el que vas a conocer el mundo..." y eso es ya de lo único que me acuerdo.

¿Qué significaba eso? generalmente yo suelo relacionarme con gente más joven porque no me gustan los adultos aunque yo ya soy una adulta. Pero me pareció interesante el plan. No entendía como yo podría relacionarme, en ese sentido, con un hombre mayor que yo. Del 1 al 100, me quedé un 80 emocionada, me parecía un buen destino para mi. Poder superar mi adultofobia y además viajar con él, supongo porque me sentiría a gusto, era algo que tenía que ver con mis propios ojos. Quizá... algún día.

De repente, en días como hoy, recuerdo esa anécdota y esa sensación. ¡Me fuí de ahí ilusionada un 80% e intrigada un 20%!, valió la pena el dinero "invertido" y tanto ha valido la pena que aún, si aún, sigo pensando que eso puede pasar... un día.

Como ejemplo diré que hace un par de semanas fuí a comprar unos materiales al centro y, sin imaginarlo, tres horas más tarde estaba sentada en un teatro para ver a un actor que sale en la tele y que me gusta mucho. De repente participé en una trivia y me gané unos boletos. Sin haberlo pensado ni imaginado esa mañana, en la tarde tenía esas entradas de cortesía y ya estaba muy feliz en mi butaca.

Algo así supongo que podría pasar. Que un día en la mañana me levante como siempre lo hago y de repente "pum" sale el tipo blanco ligeramente robusto así de la nada, me cae bien y lo dejo todo para seguirlo por el mundo. Quien sabe... aún puede pasar.

Pero no sé si esas cosas sigan pasando ordinariamente. Hoy tengo algo de miedo que no me vuelva a pasar nada así. Antes decía que yo podía hacer que pasen las cosas, pero llega un punto donde ya no puedes hacer que pasen tan fácilmente. Entre más carga te echas encima, menos puedes disponer de tu magia.

El viernes voy al hospital y tengo miedo de que ya no me pasen más cosas. Generalmente no tengo miedo pero en esta ocasión si estoy preocupada, un poco.

Tengo ganas de que me sigan pasando más cosas pero necesito salir bien de esta y ya no estar enferma. No sé como hacer eso, supongo que debo estar feliz para no enfermar. Antes cuando todo dependía sólo de mi, yo era muy feliz. Bueno, en realidad no lo era tanto, pero sabía como exprimirle a mi pensamiento la felicidad y prácticamente llegar al bienestar total con sólo pensarlo, pero últimamente me está costando trabajo.

No es que esté completamente mal, pero si creo que un día, no hace mucho, mi hilo rojo se rompió, se enredó o no se qué pasó y sé que no será hasta otra vida donde lo volveré a tener entre mis manos y haré un mejor intento para alcanzar al tipo blanco que se encuentra del otro lado. En esta vida ya no supe quien era... o quizá si pero algo falló.


domingo, 5 de julio de 2020

Una más de ellos

Y ya casi voy a cumplir 44 años y no sé en qué momento se me pasó el tiempo, de hecho he entrado en esa etapa donde ya se me empieza a olvidar que edad tengo, así como cuando de niña le preguntaba a mi abuelita por su edad y le tenía que preguntar a mi papá porque ya no se acordaba, y cuando él le decía cuántos años tenía, ella decía que no era cierto, que no tenía tantos.

Pero de hecho ella nació el 10 de mayo de 1900, por eso siempre decía que "era mucha madre" y ese era uno de sus grandes orgullos.

En esta cuarentena ya me he dejado crecer unas canas porque no me quiero negar a mi misma ni empezármelas a esconder si ni siquiera tengo a qué salir a la calle.

De hecho en estos meses no he usado maquillaje, ni antitranspirante, ni aparatos calientes para peinar el cabello, ni nada de algunas cosas de las que a veces uno se esclaviza en el día a día.

Ya también dejé de necesitar tomar leche (excepto a veces para el café), carnes rojas y embutidos. Ha sido un tiempo bueno para llevar de manera suave estás nuevas costumbres y al final te das cuenta que muchas cosas que eran tan cotidianas, en realidad no son para nada necesarias.

Y no se en que momento se me pasaron los años pero lo que es cierto es que me ha costado mucho trabajo vivir lo que he vivido. Ha sido una vida buena y aunque últimamente ya no he corrido tantas aventuras, menos aún con la pandemia encima, creo que mi premio es ahora tener una buena vida.

Sigo aprendiendo cosas nuevas que ya hubiera querido saber cuando estaba en la escuela, hubiera sido la mejor del salón aunque en realidad siempre me distinguí algo de entre mis compañeros.

Insisto en que antes tenía más aventuras y descubría cosas y lugares.  Ahora más bien tengo anécdotas ya en muchos lugares y con la inseguridad en México, y en general en el mundo, cada vez hay que pensarle más si es que es conveniente o no salir de casa a probar suerte.

Pero ahora creo que  tengo una buena vida, y no lo digo por el dinero, sino porque puedo dormir si tengo sueño, comer si tengo hambre, y que mi trabajo sea hablar de cosas de física y matemáticas, y resolver los problemas del 5.3 al 5.7 del libro, ya que eso es lo que les dejo a los alumnos de tarea y pues ni modo que les quiera calificar y yo sin saber cómo se hacía.

Soy afortunada de que algunos me digan "Doctora"... Doctora de que? La verdad es que si sé algunas cosas pero en realidad me faltan de saber muchas más.

Si los de mi casa alguna vez oyeran que me dicen así, me harían un bullying infinito, bueno, de hecho me lo hacen, pero yo dejo a los alumnos que me digan Doctora para que no sospechen que, en el fondo...yo soy una más de ellos pero con más anécdotas acumuladas.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Todo bien

Froté tus rodillas para transmitirte calor. Te di masaje en los pies como te gustaba. Había que revisarlos para estar seguros que todo estuviera bien con eso, ninguna cicatriz era permitida.

Las mismas rodillas, los mismos empeines. Tenías que seguir bien.

Unas caricias en las mejillas. Todo normal pero mi cabeza me decía que me tenía que aprender rápido todos los detalles. Sabía que ya me los sabía pero una repasada no estaba mal.

Tenía que conservar este momento por lo que faltara para volverte a ver. Me lo aprendí pronto, prometí no olvidarlo.

Una última checada. Todo en su lugar, todo bien. 

De acuerdo... podemos hacer eso. Puedo memorizarlo hasta ese entonces. Lo prometo.

Oye... pero tu estás como siempre. Eso es bueno.

Yo sólo creo que te aburrió un poco que ya no hubiera fiesta. Lo sentimos. Debimos haber hecho una fiesta cada día.

Quizá ahora sólo ves como trabajamos y nos hacemos bolas con lo que hay que hacer. Bien merecido nos lo tenemos, no sabemos hacer la fiesta como tu.

Yo lo intento ¿eh? ya me estoy dando mis escapadas de felicidad en horarios no aptos para ello.

Pero está bien, ya nos tocaba ver cosas que no veíamos antes. Hacemos lo mejor que podemos.

Hoy tuve que reventar la cerradura que pusiste. Quién sabe donde dejaron la llave pero tu ni te apures, la puerta ni se inmutó. Lo bien hecho no perece, la manija de la puerta, esa si, no aguantó ni dos apretones.

 Y no te preocupes. Nada tienen que ver conntigo "las cosas que por servir se acaban", como decía la abuela. Lo tuyo no se raspa ni se bota, no se oxida ni se gasta. No te preocupes.

Procuraré seguir haciendo las cosas lo más adecuadamente posible. No para que te sientas orgulloso sino para que estés tranquilo, eso es mucho más importante.

Pues ya que.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Cumpliendo sueños añejos

Ya son muchos años de dedicarme "a la escuela". Y no es que esté mal pero ya es casi la mitad de mi vida entre las aulas. Antes me tocaba estar sentada y ahora mucho rato estoy de pie. A veces pienso que a todo mundo le es familiar frecuentemente ir a comprar material de papelería, aventurarse en nuevos marcadores para pizarrón blanco, ir a buscar libros con tarjeta de descuento o tener que ir al centro a comprar materiales para que, por ejemplo, funcione un motor o  un experimentillo de óptica realizado con un señalador láser, aunque creo que no es tan así.

No me molesta lo que hago pero ya desde hace un tiempo (a decir verdad ya varios años) buscaba externamente de forma pasiva, pero desesperadamente en mi interior, el poder realizar otras aspiraciones más creativas que no han podido salir a la luz, ya sea por falta de organización o porque a veces cuando te dedicas "a la escuela", todo tiempo que no estás leyendo algo, haciendo notas o resolviendo problemas, es un tiempo perdido. Es un estigma fuerte cuando alguien como yo no tiene claro que en la vida debe haber un equilibrio para tener salud física y emocional.

La cuestión es que, a diferencia de otros intentos que ya había hecho "como no queriendo", esta vez el google si me hizo tener suerte y al segundo o tercer link me hizo encontrar el lugar perfecto, cerca de casa, precio accesibilísimo, horario mandado a hacer y ofreciendo justo lo que yo quería hacer: trabajar con madera.

Es curioso porque el mismo día que encontré la escuela en la cual daban ese curso, fuí a pedir informes y ese mismo día me quedé porque ya llevaban dos semanas de iniciado el curso y simplemente me invitaron a integrarme a la de ya. Al despertar esa mañana nunca imaginé lo que iría a suceder ese día.

Afortunadamente llevaba unas hojas impresas cuyo reverso me sirvió para tomar mis primeras notas y trazar el mismo día el diseño del primer proyecto: un banquito de madera del cual dejo evidencia a continuación.






Con unos trocitos de madera que me dió el profesor y con algo de herramienta que me prestó, ese mismo día inicié con el proyecto. Obvio, yo extremadamente nerviosa porque finalmente y así, casi de repente, ya estaba haciendo lo que por tanto tiempo había deseado.

Todos los alumnos tenemos que pasar por el banquito de madera como primer proyecto y posteriormente sigue la elaboración de una caja mediante la técnica de ensamblaje llamada "cola de milano" que, por cierto, es lo más increíble que me ha podido pasar últimamente.

No sé por qué las personas dejamos pasar tanto tiempo para realizar nuestras aspiraciones si, en realidad, todos tenemos el tiempo contado. Eso me lo recuerda siempre mi papá mientras ocupo sus herramientas ya con algo de polvo y óxido por falta de uso. Dicho sea de paso, la terapia ha sido muy intensa estos días y ahora admiro la cantidad de materiales que tiene almacenados y que ocupó para hacer infinidad de cosas en la casa que a la fecha siguen sirviendo.

¿Habrá alguna posibilidad de que igual otro día me despierte y de repente en la noche ya esté yo en otro lugar amplio, fuera de la ciudad, con vegetación donde pueda hacer ruido, no molestar al vecino de al lado y además me pudiera ganar la vida haciendo este tipo de trabajo?. Quizá me podría suceder otro milagro. No debo desistir en seguir googleando.

Estoy tratando de no sentir culpa por dedicar mis tardes a esto y no a haberme enrolado en algún trabajo de investigación que "debería" ser mi prioridad... si eso me saliera del corazón. ¿Seré uno de esos casos donde he errado la profesión?, a ratos me viene el debate a la cabeza pero creo que al igual como uno arma un rompecabezas de 5000 piezas, tendré que dedicarle unos 4800 debates mentales más (pues ya he de llevar al menos unos 200 realizados) para determinarlo.

En realidad amo mucho estudiar y justo esta semana arranco con la preparación de un curso llamado "Fenómenos de Transporte" (de materia, energía y cantidad de movimiento, no de automóviles o algo así) y si me emociona. O sea, si me gusta pero creo que mi yo creativo pide a gritos ser revivido pues, se ha ido apagando poco a poco.

De ahí quizá me siga con las clases de canto, de vitral, de tapicería, cerámica... no sé, todo lo que me gustaría intentar por lo menos alguna vez.

Conclusión de este asunto: estoy feliz. Pensativa pero felíz.

domingo, 21 de julio de 2019

Viajera

Tomo mis galletas, un vaso con agua y emprendo el viaje. Estoy sujeta firmemente a la silla para no caer.

Ayer uno de esos viajes sucedió mientras iba camino a casa, de momento no supe hacia donde caminaba y me fui en sentido contrario.

Se siente tan bien volar! ojalá nunca dejara de hacerlo. Cuando floto siento soy tan feliz que no puedo pedir nada más.

Fuera de la gravedad se puede hacer lo que sea, puedes ser quien quieras, puedes llegar hasta donde quieras, no hay ninguna barrera, límite ni compromiso que te impida estar donde quieres estar.

Yo siempre preferiré estar en aquella tierra blanca de un brillo tan grande que es deslumbrante a los ojos. Donde la amargura es parte del encanto y donde los acordes resuenan en el salón principal.

Debería estar cantando pero la nave está cargando combustible y la gravedad no favorece a mis virtudes.

Tarda mucho el combustible y ya quisiera arrancar. Cerraré los ojos mientras tanto, pensando que ya llegué y que la dicha me hace tararear.



martes, 18 de diciembre de 2018

Corazón de espuma

Ella estaba nerviosa como siempre que iba a dar la 1:30 de la tarde. Arreglaba su delantal color naranja y verde y se iba al baño para darse una peinada y un poco de color a los labios. Ya tenia ¿como cuánto? ¿unos dos años observándolo como entraba por su café y su pan relleno de queso?. Si, algo así.

La verdad es que no tenía la certeza si hoy vendría o no porque, de hecho, no venía diario. En una buena temporada venía cuatro veces a la semana y en una mala llegó a pasar hasta mes y medio y no se apareció, quizá alguna complicación lo llevó a la capital y pues simplemente, no se paró por el local.

Estos días eran una buena temporada afortunadamente. Cuando entraba se le veía un semblante relajado, como que siempre venía de algún lugar y seguía digiriendo sus pensamientos de lo que acababa de hacer. Quien sabe a que se dedicaría. Solía usar unas camisas delgadas de algodón a cuadros pequeños, un poco estilo de señor. Le habría gustado poder decirle que hacen magia los cuadros grandes. Quizá pueden hacerle perder a un hombre hasta 5 años así de golpe.

En fin, que empezaban a enfriársele las manos y a temblarle un poco la mandíbula por los nervios, aunque sabía muy bien que si daban las 2:15 y no llegaba, entonces ya podía nuevamente soltar el aire, desfajarse la blusa e ir a la cocina a empezar a lavar las tazas que se acumulaban en ese rato.

Su amiga Mati le ayudaba siempre pues ella estaba incapacitada para ir a preguntarle a su mesa que iría a ordenar. Se tardó unas tres servidas para darse cuenta que simplemente el acercarse la ponía mal, en el buen sentido de la palabra. En cuanto ese sentimiento le hizo "clic" algo pasó que ya no se pudo acercar más y sólo podía medio voltear para verlo un poco y alimentarse con ello las veintitrés horas y media restantes del día.

-¡Ahí viene, ahí viene!- pensó, y hasta las puntas de los pies se le contrajeron. ¡Que horror! ¿por qué se tenía que poner así? se odiaba a si misma por ser así de tímida y estúpida. Cada día era un día ganado y desperdiciado a la vez, pues quien sabe cuánto tiempo le iba a durar el gusto de que "él fuera a verla". Quizá un día se mudaría a otro lugar y ella se quedaría como la mujer de la canción que se quedó para siempre en el muelle esperando a su amor. Se odiaba.

Para ese momento Mati ya lo estaba atendiendo. No sabía porque a ella le resultaba indistinta su presencia, podía sin mayor problema acercarse, preguntarle acerca de lo que iba a pedir (aunque ellas ya lo sabían), y de cuando en cuando veía que hablaban dos palabras de algo más, no sé, que si la mesa estaba desnivelada, que si tendríamos la empanada de jamón o que si hoy podría no estar tan caliente el café, que porque ahora con el calor le estaba agradando más frío. Ok.

Y ella se tenía que aguantar sin reclamarle a Mati. Su amiga tenía el valor que ella no así que podía mínimo llevarse la gloria de su conversación.

Ese día venía especialmente guapo, usaba un polo blanco y jeans. ¿Cómo podía ser tan bello? se lo preguntaba. ¿Cómo podía vivir consigo mismo?, ¿porqué todos/as los/as demás a su alrededor actuaban como si nada pasara?, ¿por qué las chicas de la mesa de al lado seguían hablando y viendo sus teléfonos igual como lo hacían hace diez minutos y por qué a ella ya casi le daban ganas de vomitar de la revoltura de estómago que le producía su presencia?.

Pero ella hoy se sentía guapa, sabía que hoy era un buen día para su cabello y que traía buena actitud. La orden fue un capuccino y un trozo de pay de limón.

Le dijo en voz baja a Mati: -¡Güey!, yo hoy se lo preparo-. Mati no entendía bien a bien la intención de esa palabra, pero sabía que su amiga la usaba cuando estaba nerviosa, cuando derramaba agua, cuando se quemaba con el vapor o cuando rompía algún plato. Eran de esas palabras que se usan en otras latitudes y que tienen como cien significados diferentes dependiendo de la ocasión y entonación. -Ok-, le contestó sin ofenderse.

Tenía un plan, sería hoy o nunca. Le dibujaría un corazón con la espuma de la leche así como lo aprendió a hacer en sus cursos de barista. Sabía bien que ella era capaz de dibujar un buen corazón y eso le dio aún más valor. Si bien le iba, la voltearía a ver y le sonreiría.

¡Pues ya! controló el temblar de sus manos para que el corazón quedara muy bien. Puso un platito debajo y sin pensar más, porque si pensaba no iba, salió del mostrador concentrada sólo en no tropezar ni derramar el contenido, de lo demás sabría Dios que iba a pasar.

No se dio cuenta que durante el tiempo del corazón, había entrado una señora, a su parecer ya algo grande, y caminando se acercó a su mesa. Lo que si le tocó ver fue como a él se le alegraron los ojos, se puso de pie y la saludó con un abrazo y un beso en la boca. No supo si se quedó pasmada un rato pues vio completa la escena de como tomaban asiento, como él le agarraba la mano y quizá le preguntaba cómo estuvo su camino. Ella hablaba sonriendo, claro, y se abstrajeron en un mundo donde sólo cabían los dos.

En ese punto regresó a su realidad y, sin temor a quemarse, metió enseguida el dedo a la taza para deshacer su dibujo. Le hizo una seña a Mati para que atendiera y fue a esconder su taza entre la máquina de expreso y la de frappé.

-¡Güey!,¡Güey!- se decía mentalmente utilizando ahora la palabra con un sentido distinto. Se dió un minuto para reestablecer sus signos vitales a un nivel de supervivencia adecuado y viendo su café desdibujado se dijo: -¡Ni modo! ¡pues ya! no nacimos juntos. Supongo todo estará bien.-

Sin voltear, llevó su taza para la cocina, se puso el delantal y empezó a lavar los trastos, empezando por esa taza que a través del dedo extrajo el dolor que le causó que alguien más, a su vez, desdibujara su corazón que felizmente latió por tanto tiempo.


viernes, 22 de junio de 2018

Como el olor de las crayolas

Ese olor que te hace por un instante perder la noción del tiempo y del lugar y te ubica en tu mesa de preescolar usando un delantal de plástico para no mancharte, igual algunos sonidos te remiten a otros tiempos donde parecía que todo siempre sería así por siempre...

Ya no lo es, pero es posible traer a alguien al lado por lo menos durante el lapso de lo que dura un parpadeo ocupando este tipo de pequeños recursos. Dejaré esto por aquí pues esto es tan mi papá (de entre muchas otras cosas que era) que sirve que se los presento un poco (porque nos crío con esto) y de cuando en cuando vendré a darme un toque de su presencia.
  

martes, 2 de enero de 2018

Épocas

Está muy canija esta época. Yo entiendo que la vida esta hecha de etapas, unas mejores que otras y de todas ellas se aprende. Mi aprendizaje mayor en este rato ha sido el entender que hay cosas que no está en mis manos que sucedan según mis expectativas que siempre han sido muy especificas y hechas a la medida según la persona y el momento en que se han cruzado en mi camino.

Las cosas pocas veces suceden como uno las imaginó. Si suceden así, claro, pero no es tan frecuente y hasta ahora entiendo que no debo sentirme defraudada si la gente no hizo tal o cual cosa según me hubiera gustado en el momento en que yo quería que sucediera.

Digamos que me estoy reconciliando con la gente que ha tenido que ver conmigo y que dejó una raya en mi caparazón y el precio que voy pagando es el mantenerlos lejos para previnir que algo así vuelva a pasar.

Oficialmente puedo decir que me estoy quedando sin amigos y eso que he conocido bastante gente en mi andar. Tampoco es novedad. A los 8 años mi mamá me preguntaba por qué en mi clase de gimnasia ninguna niña me esperaba para empezar los ejercicios juntas, también me dice que cuando salíamos de campamento con más familias yo empezaba a caminar la zona cercana y no me acompañaba de nadie.

Nunca he sido buena para complacer, en algún tiempo lo he hecho pero es desgastante y no puede haber amistades basadas en las complacencias, o por lo menos no que duren mucho. Creo que ya lo he dicho aquí antes y es que yo no puedo más con eso, no puedo basar una amistad en la diplomacia y la complacencia y es un tema que debo aceptar que realmente me afecta.

De un tiempo para acá, todos los benditos días pienso en mujeres que son, fueron... mis amigas, y no sé ya como complacerlas.

No puedo fingir más que no me ofende que se sientan mejor que los demás por el hecho de decir que oran y cumplen con la Iglesia como buenas cristianas, y todos los demás que no lo publicamos o decimos cada tercer día, incluyéndome, somos escoria que "alguien" les encomendó la sagrada labor de hacernos entender y reformar según lo que para ellas es muy claro.

¿Cómo no ofenderme cuando yo no fastidio a nadie diciendo que deban leer, decir o hacer tal o cual cosa, tales días y a tales horas y ustedes si se sienten con ese derecho porque ya las las tocó Dios?, ¿cómo no ofenderme por restregarme varias veces a la semana que no debo abortar, que la vida no nos pertenece y que las mujeres debemos aceptar lo que Dios nos manda, si ¡por Dios! lo que menos querría yo en la vida es que alguien me llame a lloriqueos en la noche o que se me vaya la vida de la preocupación de que se me enferme o le pase algo? ¿por qué me quieres convencer que estar casada y con hijos y embrutecida por lo que cree el colectivo es el mejor estado en el que yo podría estar?. No me ofende que creas que soy tonta porque te puedo llegar a creer. Me ofende que no respetes mi espacio visual, auditivo y la neutralidad de la relación que quisiera tener contigo. ¿Por qué me das consejos si yo no te los pedí?. Así no se puede ser amiga de nadie pero debo aceptar que soy bastante cobarde como para así de la nada simplemente decírselos y ya. Claro que si me lo preguntaran directamente no me lo callaría y se los diría.

Me ofenden los amigos que se ofenden porque uno no actúa a su ritmo cuando, a decir verdad, ellos tampoco actuaron al ritmo que yo deseaba cuando quería ser su amiga. Me ofenden los amigos que sólo tienen preocupaciones, fracasos, enfermedades  juicios para compartirte. Tampoco me gustan los amigos que se cierran para aparentar que todo les va bien, que son inalterables, que ocultan que tienen una vida que a veces no es tan buena, que te quieren convencer que todo lo que hacen resulta bien.

A todos ellos los he tenido que hacer a un lado y por eso ya no tengo amigos, o por lo menos no tantos, creo me quedan uno o dos pero sé que son gente que puede pasar el tiempo y no se ofenderán porque no me haya reportado o porque mi vida haya cambiado de modos drásticos.

También me han mandado a volar pero está bien, si yo lo aplico debo aceptar que me lo apliquen.

¿Cuál es el problema entonces? que ya mis opciones para interactuar con la gente se van cerrando como en un juego de dominó y, en noches como hoy, recuerdo que este espacio siempre fue una válvula de escape para hablar y decir cosas conforme las iba percibiendo.

Un gran "logro" de está época, creo yo, ha sido que ya me puedo quedar en silencio por mucho tiempo. Ya mi "madurez" me permite no recurrir en absoluto al recurso barato y millenial de querer recibir gratificación intantánea al exhibir mis sentimientos victimizados en este sitio para que me levanten cuando yo me tire al piso. Eso es bueno, ya no soy una carga para alguien más, creo que es una cortesía que ya puedo tener para los que me quieren acompañar.

Pero ahora estoy aquí, ¿por qué? porque debe haber una parte de mi persona que aún quisiera vivir en ese mundo idealizado donde se permite inventar historias, decir tonterías, jugar, no creer que se será atacado por expresarse, tener ideas nuevas, etc. Una parte mía extraña mucho a la inmadura que me permitía ser hace un tiempo.

Hace realmente poco recordé lo que es sentirse así y quisiera saber dónde está esa persona que solía ser. Es un poco cursi la frase y estoy consciente de ello pero ¡caray! me estoy permitiendo unos minutos de debilidad. Hay demasiada realidad en mi vida en esta época y necesito escapar... quisiera que me saliera tan fácil como me salía antes.

Mi papá sigue creyendo que yo le tomo fotos a todo. Ya no le tomo fotos a nada...

Ya no escribo, ya no reseño, ya no narro. Bueno, si lo hago pero ya es efímero, no queda constancia de nada que veo, digo o experimento porque al final ¿se entiende como presunción el contar esas cosas? ¿te orillas a un peligro exhibiendo tu vida en una red social? ¿muestras debilidad al decir lo que piensas y sientes sinceramente? ¿es impropio para una empleada pública que puede ser auditada virtualmente?... eso antes ni pasaba por mi cabeza pero ahora sí.

Sólo vine a decir aquí que me extraño, extraño esa época de inocencia, lamento no saber como equilibrar las cosas de la vida que me toca llevar. Lamento no saber querer a las personas como quisieran y lamento haber perdido gente por eso, pero sigo sin poder hacer nada, no está en mi genes actuar por complacencia.

Quiero decir que si sé querer pero muy en mi fondo y quizá nunca se notará y menos si no me preguntan. Hay gente a la cual quiero y la llevo conmigo diario a todos lados de una manera muy sentida pero no se los diré porque no veo la necesidad de hacer cumplidos así.

Si yo he ofendido a alguien con la indiferencia, lo siento pero ya dije que es la manera, no de sentirme bien sino de no sentirme mal.

Trato de ir saliendo adelante en la vida con las herramientas con las que cuento y lamento no poder lidiar con todo.

Agradezco a quien me ha seguido el paso, y debo confesar que yo desde mi rincón le sigo el paso a algunos más, sin ofenderme ni juzgar porque son importantes para mi.

El haber venido aquí a escribir este día espero signifique algo bueno, ojalá yo me permita respirar un poco, no por obligación sino porque me debo querer más y permitirme bajar la defensiva de cuando en cuando.

sábado, 27 de agosto de 2016

Introspección

Pasó una gran parte de su vida buscando a quien le interesara lo que era, lo que hacía, como era, lo que quería. Que le cumpliera todos sus deseos, que fuera su prioridad, pero que además fuera amable, inteligente, alguien con quien se pudiera platicar, que tambien tuviera aspiraciones y que no pensara que el dinero o los orígenes son una limitante para hacer cosas nuevas.

Mucho tiempo se refugió en si misma, eso lo aprendió aún siendo una niña y ya en ese tiempo practiaba la introspección para escribír historias donde ella misma se retrataba auto analizándose y creando diálogos consigo misma.

Nunca fue la niña de los moños y los vestidos, tampoco la del peinado perfecto que se mantenía durante todo el día. Cuando se veía a si misma saliendo de la escuela con las calcetas abajo y la blusa desfajada, sabía que la vida no podía ser perfecta y que debería trabajar si quería tener algo bueno en la vida ya que por niña linda no le iban a caer las cosas del cielo.

Se acostumbró a su papel y a ver desfilar muchas cosas fáciles delante de sus ojos que no iban a ser para ella. La introspección le ayudaba a sobrevivir y a no dejar de hacer las cosas lo mejor que se podía, a relacionarse un poco y a no decaer ante el ambiente familiar que a veces le rodeaba.

Había cosas fantásticas, si, que duraron una temporada y que involucraban a sus seres mas queridos. también hubo otras devastadoras que le provocaban inseguridad y un coraje/tristeza entremezclado que aún queda por ahí en algún recoveco pertinaz de su corazón.

En algún momento conoció algo que finalmente le dió esa satisfacción que los amigos, las pijamadas, los apapachos de mamá, los vestidos, las salidas y demás recompensas rápidas no le habían dado. En algún momento alguien le dijo que era buena pensando y sintió lo que se debió haber sentido si un chico le hubiera enviado una carta de amor anónima, o si hubiera tenido amigas con quien reir y bailar, o si hubiera podido usar algo lindo sin sentirse prostituta frente a la mirada de su familia. Esa familia tan grandiosa y a la vez tan asfixiante.

Entonces ya había una manera de llamar la atención, de manera positiva y conservadora pero a la vez agresiva, sacando un provecho que eventualmente se transformó en una manera de irse ganando la vida, aunque de esa manera resultaba unas 150 veces (o más) más difícil que simplemente usar una falda corta y justa y maquillaje, como algunas compañeras suyas ya lo hacían desde aquellos años de la secundaria donde, por el contrario, ella aprendió a recibir el "amor" de esa manera tan sacrificada.

Eso le resultó buena estrategia por mucho tiempo, mas del debido quizá. De su lado la vida pasaba en cámara lenta y del otro la gente evolucionaba normalmente. Al principio no le importaba, intermitentemente le llamaba la atención, alguna vez le llegó a preocupar pero hoy en día ella afirma abiertamente que, aunque ha intentado, sigue sin importarle que la vida evolucione y ella siga sintiendo que sólo es una espectadora de todo eso prefieriendo seguir mirando sin quererse involucrar.

En algún punto en el camino ella sintió el amor, ese amor que ya no era una calificación puesta en una hoja sino un amor de alguien que vivía y respiraba y cuya decisión propia había sido amarla.

Eso si era una sorpresa y con tan poca experiencia en el rubro, claro, a cagarla. ¿Cómo se pone a hacer un pastel de fiesta a alguien que apenas si sabía tostar pan sobre una sartén? Faltaban muchas, pero muchas millas de vuelo. Eso la vida no lo perdona. Mientras sea uno mismo si, las cosas van y vienen a voluntad, pero cuando hay alguien mas involucrado eso ya no depende de una sola voluntad. Y a nadie le gusta sentirse malquerido, y de ser así... se va.

"De 15 a 20 años de desfase" es lo que ella pensaba, "¿cómo hacer para recorrer ese camino más rápido y emparejarme con los demás?". Quería apresurarlo y no lo lograba, no entendía que hay cosas que ya no dependen sólo de una persona. Volvió a sentir el amor pero siempre faltaba algo, siempre había una lastimadura por querer obtener lo que sólo se obtiene si se es bueno queriendo, y ella no lo era.

Alguna vez la quisieron y ella sólo sentía repuslión ¿acaso había que pasar por eso para estar con alguien que todo parecía indicar que era "adecuado"? lo dejó pasar y nunca más se arepintió. Afortunadamente cada experiencia le hacia recorrer muchos kilómetros que le estaban haciendo falta. Pero aún se sentía atrás.

Otra vez sintió el amor ¿o era soledad?. Era soledad, según lo entiendíó varios años después, pero le ayudó a sobrevivir hasta que finalmente pensó que se haría cargo de su soledad y no estaría compartiendo lo poco bueno que había construído cuando todo parecía indicar que se enfilaba a un declive sin salida que sólo iba a detener esa evolución que ella se esforzaba en continuar.

Aprendió a vivir sola, no de afuera sino de adentro, recurriendo siempre a esa introspección que tanto le había ayudado a vivir todo el tiempo. Una amiga introspección que sempre estaba ahí para lavarle el cerebro cuando algo le hacía sentir mal y que la impulsaba a hacer grandes cosas por cuenta propia. Ella y su amiga se la pasaban bien, tenían grandes momentos y todo lo solían plasmar escribiendo multitud de historias que alguna vez alguien más consigió leer.

En una etapa plena con su introspección ella se enamoró, quizá fue el amor verdadero porque el verdadero amor es abstracto y su amor era toda abstracción, una abstracción que ella decoraba, traía y llevaba a placer, sin limitantes de horario, documentos, compromisos ni nada. Elevándolo o evadiéndolo de manera estratégica para recibir sólo lo mejor de todo eso. Opio puro para el espíritu, de eso que te evade del mundo y te deja sólo lo mejor por un rato... aunque para ella eso era ya la vida. Respiraba de eso tan bueno y vivía de él, se movía gracias a él y finalmente tuvo un por que vivir.

Las recaídas en la realidad a veces dolían, pero no importaba, simplemente aspirando un poco de eso otra vez el mundo se volvía mejor, era un mundo apto para vivir, ella lo moldeaba como plastilina y si faltaba algo tenía el poder para encontrarlo y ponerlo en el sitio perfecto donde todo funcionaba como siempre lo había querido.

Un día el opio se acabó y ella no entendía por qué. Aprendió mucho en el camino pero aún faltaba lo mejor, trabajó mucho por ello y simplemente un día supo que no lo iba a obtener. Como adicto en abstinencia, a veces se enojaba, otras decía que no le importaba, otras lloraba y otras mas ardía en ganas de gritarle y gritarse lo peor.

La soledad en su pecho volvía a crecer aunque alguna vez pensó que ya no volvería a sentir jamás. La vida la estaba arrojando nuevamente a los brazos de su amiga introspección con quien ya antes se las había arreglado tan bien. Ella se resistía pero sabía que no habría alguien mas por el momento para recibirla así como estaba de dañado su corazón.

Se las arregló para armarse una cumpleaños con alguien que no fuera ella misma. El lugar era perfecto para estar con alguien amado pero al final, estaba sólo con unas amistades y sabía que su felicidad no podía llegar mucho más allá.

Bebió, quizá un poco mas de la cuenta sabiendo que, como no la amaban, más valía detenerse y asegurarse de llegar con bien a casa. Ya ahí necesitaba sentir amor, la soledad se instalaba en su pecho, ahí justo donde se acumulaban las cosas que prefería no recordar. Pensó en terminar lo que empezó y bebió de una botella que tenía por ahí.

Cada ida al baño era mas dificil, la casa le daba vueltas y sentía alivio cantando canciones que hablaban de su amor. Lo buscó y lo encontró. Le dijo que sufría por él y que su corazón no se podía recuperar, que le ayudara por favor. Pero el ya tenía un nuevo amor, un amor sencillo, un amor sin esfuerzo, un amor de esos por soledad que ella ya conocía bastante bien.

Entendió que era tiempo de soltar a su amor, de dejarlo vivir, de ella vivir con lo que tenía y en ese proceso ese mundo de fantasía se empezó a quebrar por detrás de cada paso que daba.

Los escenarios, los personajes, los grandes libretos que ella inventaba todos los días se quedaban atrás. El mundo ya no era tan moldeable y hora sólo lo que le rodeaban eran personas y sucesos reales. La magia se fue con su amor, su fantasía, su vitalidad. Todo lo empezó a guardar en una caja de esas que prefirió guardar allá en lo alto de su armario para, de cuando en cuando, asomarse a ella y darse cuenta con nostalgia lo bueno que fue todo eso y lo mucho que lo sigue extrañando. Ya sin llantos ni rabietas, ahora sólo lo recuerda y se siente afortunada de, al menos, haber sentido el amor alguna vez.

Ahora la vida la compensa con comprensión, compañía, buenos momentos, charlas y experiencias, pero la vida real es de una superficie sinuosa, no tan facil de sortear como cuando ella vivía en ese otro mundo ideal donde las canciones podían llevar un mensaje, donde las experiencias vividas en el mundo real se contaban como anécdotas de algo paralelo y no tan trascendente, y donde sus ojos se llenaban completamente al contemplar a su amor.

Ella empieza a olvidar detalles de su mundo, de como era su amor, de como era ella antes de todo esto y le preocupan mas temas del trabajo, de los pendientes y de que dirán los próximos examenes médicos pues pasa el tiempo y el cuerpo va dando señales de ello aunque no se quiera.

La promesa es de que, si acaso hay otra vida, ella lo intentará de nuevo, quizá con más valor para lograr llegar hasta el final. Ahora sólo es una espectadora de su amor, aunque al final de cuentas es mejor por lo menos mirarlo que no volverlo a ver jamás. En el fondo le da un poco de pena verlo en escena. Es como ver a un cachorro aferrarse a una carnaza que no será alimento jamás pero, así debe de ser. El corazón se ha puesto una venda para que no mire y le resulte indistinto esas visitas ociosas que ella hace a su pasado... pero su amor sigue ahí y ella no lo podrá dejar de ver jamás.

miércoles, 20 de abril de 2016

Un par de días tranquilos

Ya poniendo el dedo a las 6:45 a.m. en el checador y portando mi credencial colgada al cuello durante todo el turno. Ahora "se supone" que debo poner en práctica todo lo aprendido.

Casualmente la mayor parte de los días me la paso leyendo cosas que no había leído, resolviendo problemas que no había resuelto y aprendiendo cosas de las que en mi vida había escuchado. Por lo menos eso es la parte interesante. Le sigo metiendo información al cerebro y creo que si me siguen pagando por hacer eso (tampoco es que sea tanto) debo estar feliz.

El viernes entregué calificaciones del cuatrimestre y estos pocos días he sentido una paz que no había sentido antes. Tengo que seguir cumpliendo mi turno pero tener el alma tranquila no tiene precio.

Me pusieron de tutora de un grupo y el día de hoy me hago la sincera pregunta sobre cómo es que le hacen los chicos de hoy para tener tantos "problemas personales" que desembocan siempre en insistir hasta el grado del acoso y el hostigamiento en lograr conseguir una "segunda oportunidad" para aprobar la materia. ¡En mis tiempos!... en esos tiempos nuestros problemas personales se limitaban a que se te olvidara el sándwich en la mesa o que el del colectivo se quedaba con todo tu cambio del pasaje. Cualquier otro problema se arreglaba ahí echándose agua en la carita antes de ir a la escuela y ¡a darle!. En fin, los chamacos de hoy en día yo creo que viven muy de prisa.

Y una de las cosas que tiene el ritmo de mi paz y felicidad en estos momentos es la siguiente canción que pondré por aquí para compartirla y poderla escuchar en momentos así como los de hoy.


sábado, 1 de agosto de 2015

Me acordé de alguien... :)

Y yo aquí en la Universidad trabajando en sábado, tengo que poner música para que no se haga tedioso, poniendo a tocar el youtube se reproducen unas piezas tras otras y yo nadamás escucho.

Llegó el turno del "divo de Juarez", que tiene muy buenas canciones por cierto. Le empecé a escuchar unos duetos interesantes y como flash-back me vino a la mente la figura de uno de mis amigos... y de una amiga también a los cuales relaciono agradablemente con la canción.

A mi gusto, una gran selección musical el día de hoy :). Saludos.

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