sábado, 29 de diciembre de 2007

De como unas gotas de aderezo pudieron ser la diferencia entre la felicidad y la tragedia

Tengo que contarles mi aventura de hoy. Me ví en la tarde con mi mejor amiga para platicar, comer y pasar el rato. Ya casi es final de mes y el dinero está por acabarse pero me dije -¿por que no?, vamos a salir un rato para aprovechar las vacaciones-.

Anduvimos caminando por el centro de la ciudad el cual, raramente, no estaba tan congestionado como siempre, fuimos caminando a ver que comíamos y anduvimos viendo opciones -tacos: no, arrachera: no, comida china: no, comida casera: no- y de repente dimos con un lugarcito muy bonito con bufette de comida brasileña dentro de una plaza comercial. Nunca preguntamos cuanto costaba porque la gran variedad de preciosas ensaladas, aderezos y carnes nos cautivó.
Nos dimos vuelo sirviéndonos ensaladas de varios tipos y por alguna rara razón en mi interior me dije: "voy a servirme todo lo que se me antoje pero justo lo necesario para que lo pueda disfrutar plenamente, no quiero quedarme con hambe pero tampoco quiero desperdiciar", y me estuve sierviendo, disfrutando el acto de elegir y poner la cantidad exacta de vegetales en el gran plato pero se me olvidó ponerle aderezo y me dije: -ahorita regreso-. Cuando llegué a las charolas con aros de cebolla, y cosas lampreadas me di la vuelta y volví a ver que mas me servía, puse un poco mas de arroz.

En eso vi en la pared un letrero muy interesante que decía:


Atínele al peso exacto (500 g, 600 g... etc) y su comida es gratis


El letrero me sacó una sonrisa y pasé con el tipo de las carnes y me ofreció como 5 tipos diferentes, decidí comer picanha pero le dije que era demasiado lo que me ofrecía así que lo fileteó y mi plato quedó listo.

Me dijeron que pasara a una báscula y al poner mi plato pesó 598 g (no crean que me comí mas de medio kilo de comida, lo que pasa es que los platos estaban muy pesados) y en mi interior dije -"que mal plan, por 2 g"- y de repente la báscula se estabilizó y por 2 segundos marcó 600 g. La empleada retiró mi plato y le dije: -¿no le atiné al peso?- y me dijo -no, mira ponlo- y ahora el plató peso 602 g, y me dijo -602-, entonces de repente la bascula se estabilizó y ¡marcó 600 g exactos!. Le dije -¡Mira!- y entonces asintiendo con la cabeza y un poco con pesar me dió en la mano un listón de colores que pendía del techo, y le dije -¿para qué?- y entonces me señaló que estaba atada a una campana y me dijo que la sonara fuerte para avisar de la noticia a todos en el restauran. Me dió mucha felicidad y me fuí felíz a sentar. Pero la felicidad fué mayor cuando nos trajeron la cuenta....... ¡¡Uy!! de no haber corrido con tanta suerte la inocente patrocinadora de la comida (que era yo) me hubiera quedado económicamente en blanco y me sentí mucho más felíz, tanto que después incluso nos fuimos a tomar un café para seguir con la plática.

Así pues, si alguien no sabía las trágicas consecuencias de poner o no un chorro pequeñito de aderezo a una ensalada, se lo digo yo: pudo haber sido la diferencia entre una hermosa tarde y una tarde de angustia.

2 comentarios:

Roberto dijo...

Siempre he querido saber si la vida es estable o inestable frente a pequeñas perurbaciones.
(Por vida me refiero a las cosas que a cada uno le ocurren y por pequeñas perturbaciones, a lo que los físicos llamamos con ese nombre.)
Mi padre decía que las pequeñas cosas de todos los días podían ser azarosas pero que las grandes líneas, los acontecimientos importantes, estaban ya escritos.
No estoy seguro... Si compras el billete ganador de la lotería o en cambio... justo el que estaba al lado en la vidriera de la agencia;
o si miras a ambos lados de la calle antes de cruzar o... justo ese día para un solo lado; o, en tu relato, medio centímetro cúbico más (o menos) de aderezo.
Claro está, no tengo una respuesta para estos interrogantes, sólo planteo mi inquietud.

Myriam dijo...

Coincido contigo en la idea de que los grandes eventos ya tienen un lugar y un tiempo para llevarse a cabo y además tengo la creencia de que simultáneamente deben coincidir muchas cosas para que un gran suceso ocurra. Es como si cada evento tuviera su propia función de onda las cuales estuvieran oscilando y, como dices tú, que de repente todas esas perturbaciones interfieren constructivamente dando un solo evento máximo y grandioso que yo creo que a muchos de nosotros en algún momento nos ha tocado experimentar.

Esta ocasión me tocó a mi y créeme que yo se lo que cuesta atinarle a un peso exacto porque ordinariamente peso polvos en el laboratorio, y a veces un poco más o menos de esas particulitas me hacen batallar durante un rato hasta que logro la cantidad deseada.

Por eso no dejo de asombrarme, de hecho, ese día sucedieron varias cosas interesantes que no me habían sucedido antes a pesar de que he salido infinidad de veces a comer con mi amiga.

Un gran saludo Roberto.

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